Seguro, con absoluta seguridad se ha quedado casi intacto el roscón de Reyes. Si no todo el roscón, al menos un buen trozo es normal que sobre en cada casa donde nunca falta el dichoso roscón guste o no guste en grado suficiente como para guardar largas y lentas colas en vísperas de Epifanía durante horas invernales frente a la confitería de toda la vida que no da abasto en un solo día en despachar a la clientela de siempre cajas y cajas de megadonuts de tradicional consumo en un única ocasión en todo el año. Tras ese 6 de enero, duros como pedernal se quedan los tiernos roscones y con la masa tan pétrea como la de todos los roscones sobrantes de otros años pasados. Pero erre que erre, la tradición del pastel se cumple a rajatabla se coma o no se coma. Ah la tradición, a la que alguien calificó lúcidamente como «un vicio social inextirpable». La tradición puede llegar a ser como un roscón de Reyes pasado de rosca, imposible de hincarle el diente.
Cada noche del 31 de diciembre, los jefes de Estado y presidentes de países de nuestro entorno político dan a degustar a sus ciudadanos, con los mejores votos para el curso que viene, un solemne roscón de cuestiones sociales fresquito, es decir, recientes los hechos que se mascan: aquellas cuestiones nacionales y problemas económicos que conciernen e inquietan a la generalidad de los inasequibles compradores de roscones, la mayoría de la población sin duda. El roscón discursivo de las navidades que nos ofrecen los mandatarios se cierra en un círculo que anualmente se distingue por idéntico peculiar aroma de optimismo moderado en los mensajes. Se nos invita a mirar al pasado no sin orgullo, a nuestro porvenir con confianza y terminan con los más sinceros propósitos de mejorar el bienestar público en el futuro, que es lo mismo que han repetido cual ritual sus predecesores. El hombre de la calle que trabaja y come sabe que poco a poco los buenos votos gubernamentales se petrifican en poco tiempo y se vuelven roscón berroqueño, desechado por indigerible. No hay más que política en la vida, mucha gente no habla más que de política igual que sólo hay un pastel que se vuelve insustituible solamente una vez en Reyes.