Estamos en 1975. Agoniza Franco y los partes del equipo médico habitual se van mezclando con la vida de un barrio obrero que intenta sobrevivir entre el pedregal sin urbanizar y el esqueleto de un edificio sin terminar, cargado de secretos y vergüenzas. Un retrato ambiental muy bien diseñado que nos habla de la provisionalidad ante la esperanza de un futuro incierto. En él se desarrolla esta historia del guionista y debutante director Santiago Tabernero, la cual, enunciando los problemas políticos del momento, tiene la habilidad y acierto de mostrarlos como mero escenario de una serie de vidas que de forma coral van mostrando sus alegrías y sus miserias.
Si bien el drama se adivina latente, lo cierto es que esta fábula de ogros y princesas de barrio se centra en el seguimiento de una serie de personajes a los que el guión contempla de cerca, intentando mostrar sus inquietudes y emociones de una forma meramente descriptiva, sin que necesariamente hayan de conducir a consecuencias determinadas. Todo gira alrededor de Fede, un quinceañero de colegio privado acosado por los matones de su escuela. Junto a él desfilará toda una serie de personajes, oscuros unos y tiernos otros, pero perfectamente reconocibles todos, que configuran un buen retrato del lugar y el momento.
Si bien es cierto que Tabernero toca muchas teclas sin conseguir una partitura perfecta, no lo es menos que su trabajo ha de calificarse de notable, aupado, sin duda, por una colección de actores y actrices impecables en sus personajes.