El tercer entrenador del Alavés esta temporada, Juan Carlos Oliva, que pasa de ayudante de Chuchi Cos a asumir la dirección técnica en primera persona, hizo ayer una declaración de buenas intenciones, como corresponde en casos como éste, al poco de dirigir la sesión de su estreno. Además de ofrecer «muchísimo trabajo» y de elevar su «responsabilidad», prometió el compromiso del plantel para sacar al Alavés del trance en el que se ha metido por su incapacidad para ganar partidos.
«Está complicado. No es fácil, pero en el vestuario todos sabemos que la situación se puede cambiar. Si no, no daríamos este paso. Y no son palabras hechas, sino que creemos en eso. Queda toda la segunda vuelta y nadie va a arrojar la toalla. Yo creo que se puede revertir la situación», fió Oliva.
Dicho esto, el nuevo primer entrenador del Alavés acepta el cargo sin atender al momento -«siempre es bueno para dirigir en Primera, porque el calendario no lo escoge uno», declaró- y despreocupado por lo que conlleva trabajar al alimón con Dmitry Piterman como copreparador a pie de césped. «Nadie me ha regalado nada y he entrenado en todas las categorías, desde Preferente a Segunda, con dos años de preparador físico, por lo que es igual lo que la gente valore. El que me conoce, sobre todo en Aragón, sabe que he llegado aquí por mi trabajo, porque a Dmitry no lo conocía personalmente. O sea, en este sentido tengo la conciencia tranquila y no miro más allá».
Entre sus primeras actuaciones figura «dialogar mucho con Piterman» -lo que hizo ayer por la tarde, junto con el resto del cuerpo técnico, para delimitar las funciones de cada cual- «y con toda la plantilla». Oliva, que toma el puesto «con muchísima ilusión, dedicación y trabajo», espera que el cambio en el banquillo de Mendizorroza «sea beneficioso, porque se hace con este objetivo», y adelanta que su mano «se podrá valorar cuando pasen tres o cuatro semanas. Cada cambio implica un pasito adelante y creo que va a ser así. Cambios va a haber», argumentó el técnico entrante.
La dinámica de Cos
El saliente, Chuchi Cos, aclaró que el relevo técnico se produce después de un cambio de impresiones con Piterman a partir de perder contra el Zaragoza. «Llegamos a la conclusión de que algo había que hacer. Decidimos que lo mejor era un pequeño cambio, quizás de cara un poco a los socios, a la afición, a los mismos jugadores; cambiar la dinámica. Esto no quiere decir que vaya a entrar la pelota, pero yo llevo año y medio con ellos y la rutina provoca que entremos en una dinámica negativa».
«Sigo siendo el hombre de confianza» del presidente, proclamó Cos, ahora que sus funciones serán mayores: responsable de la comisión deportiva, secretario técnico y asesor del consejo de administración. «Cambiar un poco el método de entrenamiento o algo así puede motivar a los jugadores o, por lo menos, es lo que intentamos».
Cos sostiene que «el Alavés no está jugando mal», culpa la marcha clasificatoria «a la falta de resultados» y desvela que «los jugadores son conscientes de que no es culpa mía todo lo que está pasando. Cada uno tenemos nuestra parte».
Después de asegurar el domingo que renunciar al cargo sería de «cobardes», Cos añadió ayer que «en absoluto me rindo». «Es más, el presidente no quería aceptar que yo saliera», argumentó Cos.