El Gobierno británico ha roto una de las normas sagradas de la diplomacia en Roma, que impone a los estados contar con dos embajadas, una para Italia y otra para la Santa Sede, que además suele ser también para la Orden de los Caballeros de Malta, curioso y antiquísimo ente sin territorio. Si se añade la representación ante la FAO, el volumen de funcionarios extranjeros de la capital italiana es enorme. Con una decisión que traerá cola, Londres ha decidido unir las dos embajadas de Roma, que aunque en teoría siguen siendo órganos jurídicos distintos, en la práctica se hallan en el mismo edificio, la embajada en Italia. La legación 'degradada' es, por tanto, la de la Santa Sede, y el gesto no ha gustado nada en el Vaticano, según revelaba ayer 'The Times'.
El 'número dos' del Vaticano, el cardenal Angelo Sodano, ha comunicado al Ministerio de Asuntos Exteriores británico que el Vaticano es un estado soberano, tal como establecieron los Tratados Lateranenses firmados con Mussolini en 1929, y en consecuencia las misiones diplomáticas de ambos países deben ser independientes. No es difícil interpretar la decisión británica como una falta de respeto y la situación está rozando el incidente diplomático, por lo que Londres ha decidido enviar a Roma una delegación para analizar el problema.
La embajada británica ante la Santa Sede de Via Condotti, una de las más caras de Roma, fue cerrada recientemente por su elevado coste y por los problemas de seguridad que planteaba, según se argumentó desde Londres. El embajador continuó viviendo en la residencia oficial de Villa Drusiana, pero también va a abandonar el lugar este mes para trasladarse a otro edificio en la misma villa del embajador ante Italia.
El asunto del embajador británico ante la Santa Sede lleva meses concitando un inusitado interés. Para empezar, en verano apareció un curioso anuncio en 'The Economist' que ofrecía el puesto. Se buscaba «una persona de alto nivel individual, con un probado sentido político y estratégico, con dotes diplomáticas y de relación interpersonal». La oferta prometía un sueldo de hasta 60.400 libras anuales y «residencia completamente amueblada».
Finalmente, el elegido resultó ser Francis Martin Campbell, ex-asesor de Tony Blair, que presentó sus credenciales en Navidad. Con 35 años, era el embajador británico más joven y el primer católico en ejercer tal cargo desde los tiempos de Enrique VIII. De hecho, Gran Bretaña rompió sus relaciones con el Vaticano en 1534, no las restableció hasta 1914 y su representante diplomático sólo adquirió el rango de embajador en 1982.