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EL EXPERTO
RECOMENDACIONES |
Abandonar los hábitos tóxicos, comenzar a practicar ejercicio físico regularmente y adoptar una
dieta saludable son algunos de los mejores planes con los que podemos recibir el nuevo año Dr. Javier Lavilla
Especialista de la Clínica Universitaria de Navarra
Adaptar la actividad física a nuestro propio biorritmo.
Dejarnos aconsejar por el médico respecto a cuál es la mejor iniciativa que podemos tomar en estas fechas
Tras adquirir unos hábitos de vida saludables, ser constantes y mantenerlos.
Estar preparados, cuidar nuestra forma física y nuestra dieta.
Ser conscientes de los cambios que se producen en estos meses y de sus posibles condicionantes, pero sin obsesionarnos. |
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Estrenar calendario siempre es una oportunidad inmejorable de realizar una serie de cambios en nuestros hábitos que sirvan para mejorar nuestra salud y con ello la calidad de vida. Son, sobre todo, los referentes a la dieta, el ejercicio físico y los hábitos tóxicos.
Siempre conviene recordar los beneficios de una alimentación sana y equilibrada. Se habla mucho, y con razón, de la necesidad de mantener una dieta que se ajuste al modelo de comida mediterránea. En ella las proporciones de los nutrientes coinciden con las recomendaciones dadas por los expertos,que se reflejan en la pirámide nutricional. Los alimentos frescos y los hidratos de carbono de liberación lenta constituyen la base sobre la que se asientan otros alimentos, como las legumbres, la carne y el pescado, sin olvidarse de los lácteos. Quedan relegados a la cúspide otros, menos recomendables, como los productos de bollería o las grasas y azúcares de escaso valor nutritivo.
Cuidar la dieta no es sólo un medio para eliminar, por razones de estética, esos kilos que se hayan podido engordar en estos últimos días, sino para mejorar la salud y prevenir la aparición de complicaciones que pueden afectar seriamente la calidad de vida en el futuro.
Últimamente asistimos a una cierta incultura dietética tristemente generalizada en nuestra sociedad que no sólo ha afectado a la valoración de los diversos alimentos disponibles, en la que prevalece la comodidad o el gusto sobre la idoneidad, sino también a las formas en que se realiza ese acto de comer. Se ha olvidado la importancia de mantener un horario de comidas, con tres principales y otras dos accesorias. No se le dedica el tiempo suficiente, prevalecen las prisas y se descuida también su aspecto social.
Son cada vez más frecuentes las enfermedades metabólicas, especialmente la hiperlipidemia, así como los trastornos en el metabolismo de los azúcares y derivados del ácido úrico. Se sufren con cierta frecuencia trastornos gastrointestinales debidos a una incorrecta masticación o digestión.
De forma paradójica, frente a esa incultura dietética, se está generando también un consumismo de productos denominados naturales o biológicos que, a pesar de aportar ventajas frente a otros alimentos poco saludables, no deben prevalecer sobre una buena conducta alimentaria, que siempre va más allá del tipo de nutrientes ingeridos.
Démosle a la zapatilla
Es importante no olvidar el ejercicio físico. Nunca es tarde para comenzar a practicarlo. Esa actividad debe estar incluida en el transcurrir del día. Por ejemplo, es recomendable dejar el coche para favorecer el ejercicio. Aunque se pierda algo de tiempo, los efectos beneficiosos sobre la salud justificarán la inversión. Si de esta forma se consigue caminar más de treinta minutos al día, esos efectos se notarán. Es conveniente emplear las escaleras e incluso aprovechar pequeñas pausas en el trabajo para realizar ejercicios de movilización, sobre todo si estamos adoptando posturas forzadas, en sillas inadecuadas o con una situación incorrecta de la pantalla del ordenador.
Se ha producido un auge en la práctica de diversas modalidades de actividad física, pero su beneficio dependerá de que estén adaptados a las necesidades y posibilidades de cada persona y de que se realicen de forma adecuada.
Algunas prácticas deportivas se ponen de moda alrededor de una cultura que prima muchas veces el efecto estético por encima del cuidado de la salud. El afán por practicarlas puede llegar a suponer un trastorno en el comportamiento que cada vez se diagnostica con mayor frecuencia, la vigorexia.
El ejercicio debe ser aeróbico sin que origine agotamiento. Es conveniente que requiera algo de esfuerzo, aunque se basa en favorecer la movilización y el relajamiento. Existen diversos tipos de ejercicio, estático o dinámico, que conviene combinar. A ciertas edades o ante problemas osteomusculares puede ser útil un ejercicio sobre todo de movilización, mientras que entre los más jóvenes el ejercicio físico será más dinámico. Desarrollarlo en grupo favorece cierta faceta social y a la vez también garantiza la continuidad en la práctica, algo indispensable para obtener beneficios.
Reposar y relacionarse
A veces no se cuida suficientemente, pero es preciso respetar unas horas de sueño al día, al menos siete. Mantener un horario y unos hábitos antes de acostarse pueden ayudar a aumentar la calidad de ese descanso. La cena no debe retrasarse excesivamente ni ser muy abundante. Una ducha antes a dormir, así como un ambiente tranquilo, ayudarán a relajarse, algo que es fundamental para conseguir conciliar el sueño. También es útil recurrir a la música o la lectura. Conviene no ingerir ninguna bebida excitante y, por supuesto, evitar las discusiones. En los trabajos intensos, ya sean manuales o intelectuales, un descanso breve después de la comida ayuda a recuperar fuerzas y tono vital antes de emprender la tarde.
Esta época es también el momento de saber hacer planes con la familia y los amigos en los que se pueda disfrutar de la compañía. Podemos recurrir a paseos, pequeñas excursiones, visitas a teatros o museos. Se deben cultivar aficiones y aprovechar esos ratos libres que nunca han de ser un tiempo muerto. Contar con amigos ayuda a mantener la estabilidad emocional, tan necesaria también para soportar las tensiones que soportamos a diario.