Como entra el nuevo año hay que hacer repaso general al estado de las cosas: cómo somos, cómo estamos, qué compramos, que votamos, qué pasos damos por la vida, cómo damos el último paso. Un análisis compilatorio se refiere a cómo viven las jovencitas, las chicas de 15 a 25 años y sobre qué sueñan las muchachas en flor de diversos lugares del planeta. Según un estudio general, en Estados Unidos estarían obsesionadas por el 'look' y por el sexo si hay que creer a dos recientes libros de gran éxito y mucho ruido. La polémica garantiza triunfo y ventas pero tales publicaciones han dado en el clavo con el tema. Lejos de América, en Arabia Saudí, las jóvenes desean existir al margen del poder de los hombres. Las rusas parecen estar fascinadas por el dinero. En España, destaca el emergente e indiscreto encanto de las 'juanis', desenfadas ninfas de las orillas de las ciudades, mujercitas del barrio popular llenas de ambición profesional, dicen. En Polonia, pasando de niña a mujer se comienza a dar miedo, aumentan las 'chicorras' que siembran el terror en los suburbios. Las bandas callejeras empiezan a no tener sexo. En Egipto y Líbano triunfan las cantantes pop que rompen el estereotipo de la mujer sumisa.
De un lado a otro, es el retrato de una generación que se busca entre el feminismo, las tradiciones y la voluntad de romper las cadenas. En medio de ese copioso ramillete de particularidades femeninas están las incluidas en lo que se ha dado en llamar 'metrolescentes'. Pues bien, la 'metrolescente' ronda entre el restaurante e ir de compras y lleva la misma vida social que las divorciadas de 40 con la única diferencia de que no tienen un ex marido que las financie. Financian los padres. Calcadas del modelo que impera en Internet y la Prensa juvenil, las 'metrolescentes' son capaces de pasar de un grupo de edad a otro, de una cultura a otra. La premio Pulitzer Maureen Dowd publica '¿Son necesarios los hombres?' donde sostiene que las chicas modernas quieren ser invitadas por ellos, llevar el apellido del esposo y parecerse a Pamela Anderson. Destacadas feministas la acusan de excesivamente sombría y parcial. Que siga el debate con tal de que volver atrás sólo sea para coger carrerilla.