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Miércoles, 11 de enero de 2006
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SOCIEDAD
MANUEL FERNÁNDEZ VICARIO, PRESIDENTE DE LA UNIÓN DE ESTANQUEROS
«Quieren convertir a los ciudadanos en delatores»
El portavoz de los tabaqueros cree que la ley es sólo una cortina de humo para distraer la atención de otras materias
A DEBATE. Manuel Fernández Vicario, portavoz de los estanqueros españoles, reflejado en un cenicero de su despacho. / J. R. LADRA
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EL PERSONAJE
Fernández Vicario es cordobés y representa a los estanqueros españoles que venden efectos como pólizas, letras, sellos y certificados. El tabaco era el modo, recuerda Fernández, que tenía el Estado de 'pagarles'. El año pasado se vendieron 4.300 millones de cigarrillos y el Estado ingresó 7.400 millones de euros.
Manuel Fernández Vicario, presidente de la Unión de Estanqueros, acusa al Gobierno de haber alumbrado una ley de Prevención del Tabaquismo que convertirá a los ciudadanos en «delatores» de sus vecinos, como sucede, dice, en los regímenes «dictatoriales» y en las repúblicas bananeras. «Vamos a un enfrentamiento entre fumadores y no fumadores por culpa de esta ley que quiere convertirnos a todos en chivatos. Sobre todo va a haber conflictos en el trabajo. Y nunca ha sido así. En ninguno de los más de 5.300 convenios laborales en vigor en España se ha producido ese enfrentamiento. Ahora sí», subraya.

Los fumadores, resume Fernández Vicario, se sienten hoy como los «apestados» del siglo XXI. La campana de los gafos, que en la Edad Media avisaba a los otros de su llegada, es hoy el 'clic' de un mechero y una columna de humo. «Da rabia que identifiquen el tabaco con la muerte. Los estanqueros seríamos el brazo armado, porque vendemos los pitillos, y los fumadores, nuestros cómplices», se lamenta este cordobés de 51 años. Habla Fernández Vicario en su despacho de Madrid, entre volutas azules de un 'Siglo VI', una labor gruesa y potente de Cohiba, que aromatiza la sala. «En este acto respetuoso y tranquilo de fumar participan todos los sentidos: el tacto de este puro es como el terciopelo. Huele a hierba y a madera... Y si me lo fumo mirando al mar es mi mayor felicidad, se me caen dos lágrimas», dice.

-¿De qué modo les está afectando la ley en sus negocios?

-Es un descalabro. Ya durante el año pasado sufrimos una bajada de ventas del 7%. En Italia, cuando aprobaron su ley, las ventas cayeron un 20% en los dos primeros meses. Ahora se ha estabilizado el consumo. Eso sí, se vende un 5% de tabaco menos. Aquí pasará algo parecido.

-¿Para qué cree que servirá?

-De momento, para confundir y enfrentar a los ciudadanos. Quieren convertirnos en denunciantes de los fumadores.

-¿Sabe que se ha producido en Navarra la primera detención, saldada con una multa de 240 euros, de un fumador?

-Sí. Y es un despropósito total. El hombre estaba fumando un producto legal. Es como lo de las 50.000 muertes por el tabaco. No puede ser cierto porque el Gobierno sería entonces cómplice de asesinato porque regula su venta y hasta establece su precio.

«Existe el placer»

-Pero todos los estudios médicos demuestran la relación directa entre tabaco y cáncer.

-El tabaco ayuda a desarrollar esa enfermedad en personas predispuestas a padecerla. Los cigarrillos son un factor de riesgo. Quien padece una enfermedad, si fuma, puede verla acelerada. La nicotina está en las berenjenas, en los tomates...

-¿Y no cree que el fumador es un enfermo, un adicto al que hay que ayudar a dejar su dependencia?

-No. No existe la dependencia. Existe el placer: el placer de fumar y de degustar un cigarro. Que no es lo mismo que fumarse dos paquetes. Estamos contra eso.

-Usted ha estado desde los 16 años en el mostrador del estanco de su familia en Córdoba. ¿A cuántos de sus clientes ha visto enfermar?

-Personalmente, a ninguno. No conozco a nadie que se haya enfermado por el tabaco. Repito que es sólo un factor de riesgo...

-Una cuestión rebatida por los científicos. ¿Fumaba usted de joven?

-No. Era jugador de baloncesto y mis compañeros fumaban todos. Pero a mí no me atrajo. Era el diferente. Pero en 1992 me invitaron a un congreso sobre el Descubrimiento de América, del tabaco, en Cuba. Fumé un Cohiba. Como no había que tragárselo, me gustó.

-Ahora irrumpen las marcas de bajo coste...

-Es la única forma de algunas tabaqueras de darse a conocer tras la ley de Sanidad contra la publicidad del tabaco. Somos los estanqueros los que tenemos que echar a la calle a los chavales que quieren comprar. Es penoso. Somos partidarios de las campañas educativas, de la salud, de la responsabilidad, de que se fume con madurez y de forma sensata. Pero esta ley sólo sirve para distraer la atención de la gente de otras cosas más importantes. Es una vergonzosa moda copiada de los Estados Unidos.



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