DE CUANDO EN CUANDO OLMO La teoría de un asiduo de esta tertulia asegurando que cometen la misma infracción los peatones que se saltan la luz roja del semáforo, que los automovilistas que cometen la misma desobediencia sigue siendo tema de polémica porque he recibido alguna carta, sin duda de peatones, con diversos argumentos en contra.
Dichos argumentos están de acuerdo con mi punto de vista según el cual, y aun contando con que a la luz de la legalidad ambas infracciones son similares, a la luz de la realidad tiene sus diferencias. Porque la infracción de un automóvil puede dar lugar a serios percances para los peatones y la infracción de un viandante sólo puede acarrear averías al propio viandante.
Sin embargo, yo admito la igualdad legal de ambos 'rivales' (dicho sea lo de rivales entre comillas y con un criterio amistoso) y como compruebo que conseguir la obediencia peatonal es como pedir peras a un servidor, lo que intento en todos mis comentarios es aconsejar a los desobedientes que hagan lo mismo que yo; desobedecer cuando no estorben el derecho de los conductores.
Observo, no obstante, que en la obediencia casi generalizada de los conductores, hay una diferencia fundamental según el número de ruedas. Los conductores de vehículos de cuatro ruedas son obedientes en general salvo muy contadas excepciones, mientras que con los de dos ruedas ocurre al revés; en este sector son más abundantes los desobedientes que los respetuosos.
He comprobado personalmente (en los pocos casos en que uso el coche por la ciudad) que mientras yo espero ante la luz roja (sólo soy insumiso cuando voy a pie), muchos motoristas, y entre ellos los repartidores, se saltan a la torera tranquila, alegre y limpiamente la luz roja . Eso sí, lo hacen con prudencia, pero se la saltan como si siempre circulasen con prisa. Y en este capítulo incluyo a los ciclistas, que sin duda con un criterio estrictamente aritmético, consideran que al disminuir el número de ruedas y suprimir el motor, las prohibiciones se reducen también a la mitad. Y me choca que sean precisamente los ciclistas -que suelen ser tan exigentes con sus lógicos derechos- los que ponen en práctica esa desobediencia.