Siempre ha mantenido un matiz melancólico en su mirada, hasta cuando perseguía en calzones a macizas. Pero quién iba a adivinar que José Luis López Vázquez era un cómico triste. «No he sido un hombre divertido en el trato personal. Siempre estoy pensando, retraído, meditabundo». 83 años y se presenta a la entrevista como un pincel. Siempre ha tenido cara de llevar corbata. Pero ni un chiste. «No practico la simpatía. Nunca he ejercido de actor a tiempo completo, me he guardado el sentido del humor para los personajes. No voy por el mundo diciendo aquí hay un actor gracioso».
Siempre ha estado ahí. Hasta sus apellidos parecen insistir en lo común de su persona. Ideales para un funcionario del franquismo con manguitos o un recluta que escucha su nombre en formación. Aquel hijo de Quintanilla, el de la serrería, que se pasaba todo 'Plácido' quejándose; el padrino Búfalo que abrazaba Chencho en 'La gran familia'; el desbordado Rodolfo de 'El pisito'; el hombre del 600 que acabó encerrado en una cabina de teléfonos.
-¿Le cae bien ese españolito medio que tantas veces ha bordado?
-Detesto al español de clase media que pretende ser otra cosa, que yo tanto he representado. En las comedias del desarrollismo hacía de seductor, pero me daba mucha vergüenza porque sé que hago el ridículo como galán.
-Se ganaba la vida.
-Seguía el ejemplo de Fernando Fernán-Gómez, un hombre muy docto y cultísimo con el que hice 'Un vampiro para dos'. No estará jamás en las filmotecas, pero nos divertimos y cubrimos nuestros baches. A mí lo que de verdad me gusta es el surrealismo, se acerca más a la vida.
-Hoy estrena 'Cuba-libre', su película doscientos y pico. Estará cansado de que le quieran retirar.
-Parecerá soberbio lo que le voy a decir, pero el artista que tiene un deseo de perfección se entrega a su tarea con devoción hasta que el cuerpo aguante.
-Pero podría leer, viajar
-¿Nada de viajar! Tan sólo algún paseo higiénico de vez en cuando. No quiero estar metido en la pomada, como dicen los argentinos. Nunca he tenido ambiciones de viajar, sólo he querido hacer bien mi trabajo, he puesto en él toda mi alma.
-Vive solo.
- Son circunstancias, fruto de la predestinación. Tengo una señora que me hace la comida y me viene a asear y limpiar dos veces por semana; una señora como podría ser un mayordomo. Ceno mi yogur y mi fruta
-¿Qué relación guarda con el dinero?
-El dinero es fundamental. De momento tengo para comer y pagar mis necesidades mínimas. Yo nunca he veraneado. Ahora, a veces me paso diez días de vacaciones, aunque descanso mucho porque soy tranquilo y lo paso bien leyendo y ordenando cosas en casa. Nunca me he aburrido ni he sido un derrochón.
-¿Se relaciona con otros actores?
-Siempre me he llevado bien con mis compañeros, pero luego nos hemos distanciado. Tuve una época cuando era joven, de los 40 a los 55 años, en que nos reuníamos en las casas y charlábamos. Lo he pasado muy bien en las tertulias del Gijón, que está al lado del María Guerrero, el teatro en el que empecé. Con Fernando Rey, Paco Rabal y Fernando Fernán-Gómez, que de pronto decían: 'Vamos a ver a estos que ensayan una función de Fernández Flórez'. Eso ya no se lleva. Tomábamos cervezas y pepitos en las terrazas
-Le vence la nostalgia.
-No. Nunca miro hacia atrás. Me preocupa saber cómo estaré dentro de dos o tres años. Si llego. Pero no me detengo en el pasado.
Baches de memoria
Paco Rabal decía que José Luis López Vázquez trabajaba tanto porque tenía que mantener a tres mujeres. Hagan cuentas. Este hijo único de padres separados -ella modista; él funcionario de Justicia- fue mecanógrafo en el Ministerio de la Guerra antes de entrar en el teatro universitario con 17 años. Malcomió como actor de reparto y figurinista antes de recorrer España en turné y vivir en los platós. El mismo año podía aparecer en 'La colmena' y en 'El fascista, doña Pura y el follón de la escultura'. «Todas mis películas las considero serias, y si tengo que elegir una entre todas ellas a lo mejor me quedaba con la peor. Siempre he procurado hacer lo menos bueno lo mejor posible».
-Ejercitar la memoria ayuda a prolongar la profesión de actor.
-No crea. Mire los deportistas. Ahí está ingresado el maravilloso Di Estefano, porque le ha fallado el corazón. O sea, que no por mucho hacer deporte Yo nunca he creído en el deporte, lo he hecho pero despacito. Ya tengo muchos baches de memoria de andar por casa.
-Si hubiera sabido inglés, habría acabado en Hollywood.
-Soy un fatalista, he hecho lo que he podido hacer. No tengo resentimientos. Me lo han ofrecido muchas veces, pero no me he sentido capaz. He preferido quedarme en mi sitio, donde he nacido, quieto como los árboles. Cada uno tiene su espacio para desenvolverse, es una predestinación. Veo a Charlton Heston hecho una pena, como me pasa a mí
-Fatalista, que no amargado.
-Nunca me he amargado. Soy un privilegiado, siempre he tenido salud, aunque el tiempo es inapelable. He sido parco en mis cosas y he procurado ser correcto con mis congéneres. Me he portado bien.
-¿Qué le dice la gente?
-Me reconocen y me saludan con cariño. Me agradecen lo bien que se lo han pasado.
-¿Nos reímos igual que antes?
-De cosas menos trascendentes. Ahora la gente está ávida de reirse, antes había que agudizar el ingenio.
-¿Ejerce de abuelo?
-Tengo dos nietos, pero viven en Nueva York. Una desgracia o una suerte, no se sabe.
-¿Ha logrado entender a las mujeres?
-Ese es un capítulo impenetrable de mi vida. No me permito juzgar. No he tenido suerte con ellas, pero no me detengo a reflexionar. El Rubicón se cruza una vez, pero no se llora por la leche derramada.
-¿A qué aspira?
-A poderme valer. Y a que nos traten bien los que nos tienen que tratar bien, que siempre nos hacen la Pascua.