Buscaba el Athletic -al menos eso se decía- un golpe de efecto en el Santiago Bernabéu que le animara para los próximos compromisos de esta temporada ya aciaga, pero no fue posible. Y tampoco debe extrañar. La realidad es que el equipo rojiblanco no está para nada y mucho menos para dar campanadas en las que no cree, como la de ganar en casa del Real Madrid; ni siquiera en la de este voluntarioso Madrid que entrena López Caro. De este modo, el Athletic deparó ayer un nuevo disgusto a sus aficionados, que terminaron el partido buscando por las esquinas el triste consuelo de que su equipo podrá reservar ahora todas sus fuerzas y concentrar todos sus desvelos en el gran objetivo de salvar la categoría.
Hay que resignarse, pues, al sufrimiento de aquí al final de temporada. Es lo que hay. La Copa ya no quedará como una vaga esperanza a la que asirse, como esa ilusión secreta que uno preserva y cuida porque es la única que le queda. El Athletic se despidió de ella en un partido lamentable que sólo deparó malas noticias para el conjunto de Javier Clemente.
El técnico de Barakaldo fue el primero en no creer en la remontada y dejó fuera del once a varios titulares. Los dos últimos en caerse de la lista fueron Joseba Etxeberria, que por lo visto viajó a Madrid para hacer grupo, y Aranzubia, cuya suplencia no sólo es complicada de interpretar sino absolutamente desconcertante en un momento de crisis aguda donde, si algo no necesita este equipo, es que se reabra el debate de la portería, con la inestabilidad que ello conlleva. Pero, en fin, los entrenadores son imprevisibles. Algunos más que otros, ciertamente.
Lo peor para el Athletic, en todo caso, no fue tanto el quedar eliminado en un torneo querido, ni siquiera el perder por 4-0 -lo primero era previsible y lo segundo verosímil en el Bernabéu- sino las alarmantes señales que emitió sobre sus posibilidades y su nivel real de juego. Se dirá que los rojiblancos tienen los cincos sentidos puestos en la Liga y que, al día de hoy, no alcanzan para hacer un esfuerzo mental suplementario como el que requiere la Copa. Y se dirá que por eso cayeron de un modo tan aparatoso en un campo donde la pasada campaña -¿quién lo diría!- este mismo bloque dio una lección de juego y ganó por 0-2 a un Real Madrid bastante superior al de ayer.
Sin argumentos
La impresión -al menos la de este cronista- es que detrás de esas interpretaciones sólo se esconden excusas; paños calientes para intentar ocultar una realidad más que evidente diga lo que diga Javier Clemente en relación a que su equipo tiene mala suerte pero juega estupendamente: la de que el fútbol del Athletic es de una pobreza atroz, de que más allá de los famosos zafarranchos berberiscos a los que acostumbran en San Mamés, la escasez de argumentos de los rojiblancos es desoladora y no augura nada bueno.
Y es que ningún equipo que, de verdad, está creciendo, mejorando y recomponiéndose tras pasar una mala racha hace, sin ninguna presión, con todo por ganar y nada que perder, el partido que hicieron ayer los rojiblancos en el coliseo merengue. Las estadísticas hablan por sí solas: ni un disparo entre los tres palos en noventa minutos y cuatro goles encajados.Y aparte de ello, unas dificultades lacerantes para hacer las transiciones, para sacar el balón jugado desde la defensa, para dar cuatro pases en el centro del campo o incluso para centrar al área balones tan fáciles como los que fallaron, de un modo irritante, Iraola o Expósito. En fin, que la Copa del Rey sólo ha añadido sufrimientos y malos presagios. Por lo visto, esta temporada no hay otra cosa.