Ya es oficial. Lo que hace unos meses era una mera previsión se convirtió ayer en una certeza cuando el Instituto Federal de Estadísticas (Destatis) anunció que Alemania, la primera potencia de Europa, ha violado por cuarto año consecutivo el Pacto de Estabilidad y Crecimiento al registrar un déficit presupuestario del 3,5%. Ese porcentaje supera en medio punto el límite permitido a los socios del euro. El organismo oficial también confirmó los pronósticos sobre el crecimiento de la economía, que fue de sólo un 0,9% en 2005, siete décimas menos que en el ejercicio anterior. Ese dato deja al desnudo la realidad de que Alemania sigue siendo un gigante enfermo.
El resultado refleja su debilidad, pese a los síntomas de recuperación que ha ofrecido en los últimos meses. El favorable comportamiento del comercio exterior fue determinante para evitar el estancamiento de la actividad. De hecho, aportó siete de las nueve décimas de mejora del Producto Interior Bruto (PIB) gracias al ascenso en un 6,2% de las exportaciones -el pilar básico del crecimiento- y de apenas un 5% en las compras a otras países. Por contra, el consumo avanzó un pírrico 0,2% y la inversión retrocedió un 0,3%.
El organismo oficial atribuyó el frenazo de la economía a esos dos últimos factores y también al efecto negativo del calendario, que tuvo 1,3 días laborables menos que el ejercicio anterior.
Los datos difundidos ayer, ya esperados, no causaron alarma alguna en el nuevo Gobierno federal. El ministro de Economía, Michael Glos, destacó que demuestran que el auge iniciado en 2004 sigue su marcha -Alemania se expandió un 1,6% ese año tras sufrir una recesión del 0,2% el precedente- y que el país ha vuelto a su fortaleza exportadora y su competitividad en los mercados internacionales. «Ahora se trata de que esa chispa reactive el consumo interno; todas las señales apuntan que así será», apuntó.