Rusia, el principal valedor de Irán en la escena internacional, dio ayer por primera vez señales de que su postura podría cambiar si Teherán se empecina en continuar adelante con su programa de investigación nuclear. En unas declaraciones a la emisora de radio Eco de Moscú, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, no descartó que el asunto pueda acabar en manos del Consejo de Seguridad de la ONU, algo que Washington viene reclamando desde hace tiempo y a lo que Moscú se ha opuesto siempre. Según Lavrov, la semana próxima se reunirán en Londres para hablar del tema representantes de Rusia, EE UU, la UE y China.
Eso, sin embargo, no parece que vaya a significar el apoyo inmediato de Moscú a una eventual resolución de la ONU estableciendo un régimen de sanciones contra Irán. Refiriéndose al marco de posibles encuentros internacionales y a las medidas a aplicar, el jefe de la política exterior rusa dijo que su país no descarta «ninguna variante sobre el formato de trabajo aunque en esencia sólo puede tratarse de una política de arreglo diplomático». Lavrov, sin embargo, reconoció que la actitud de Teherán constituye «un problema muy grave». El alto responsable ruso recordó que «Irán posee un programa de misiles de corto y medio alcance bastante avanzado, lo que aporta argumentos políticos a quienes consideran que con ese país sólo se puede hablar desde el Consejo de Seguridad de la ONU».
Lavrov también admitió que, aunque Teherán tenga derecho a desarrollar energía atómica para uso civil, «debe cumplir obligaciones como informar a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de lo que está haciendo». Al mismo tiempo, el ministro de Exteriores ruso calificó de «inadmisibles» las recientes declaraciones del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, deseando la muerte al primer ministro hebreo, Ariel Sharon, o que sean borrados de la faz de la tierra EE UU e Israel.
Presión
Las palabras pronunciadas ayer por Lavrov parecen más bien dirigidas a presionar a Teherán para que colabore sin que se tengan que llegar a aplicar sanciones. Según él, «hace falta una postura de consenso para convencer a Irán de que renuncie a sus propósitos». En cuanto a la decisión de las autoridades persas de romper los precintos de la AIEA en sus instalaciones nucleares, el jefe de la diplomacia rusa señaló que «no es ilegal desde el punto de vista del derecho internacional, ya que fueron retirados con anterioridad ante inspectores».
Lavrov y su homóloga estadounidense, Condoleezza Rice, hablaron de Irán por teléfono el martes y, según algunos rotativos norteamericanos, Rusia se habría comprometido a abstenerse en una posible votación en la ONU para sancionar al régimen islámico.