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Viernes, 13 de enero de 2006
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Secuestradores enamorados
Miembros de la banda mexicana 'Los Tiras' caían rendidos ante los encantos de sus víctimas
Los integrantes de la banda de secuestradores mexicanos 'Los Tiras' eran matones muy enamoradizos. Humanos, al fin, más de uno cayó rendido ante los encantos de sus víctimas, entre ellas dos hermanas de la cantante Thalía y Margarita Carrera, hija de un ex jefe de la Policía.

Los villanos llamaban a sus cautivas «princesa», «reina», «mi amor». Uno prometió regenerarse si era correspondido, otros agasajaban con ramos de flores y cantaban serenatas. Ante las atenciones, y sin poder evitar el 'síndrome de Estocolmo', --estado psicológico en el que el rehén desarrolla una relación de complicidad o de afecto con su secuestrador-, Margarita confesó que le dijo a uno de los miembros de la banda: «Ojalá que todos los secuestrados cayeran en sus manos, porque eran bien buena onda».

La información, publicada por el diario 'El Universal', está sacada de expedientes elaborados por la Policía con testimonios de las secuestradas y de los bandidos que en cinco años cometieron numerosos secuestros en México D. F. hasta su captura al final del año pasado.

El 12 de julio del 2001 comenzaron los dos meses de cautiverio de Margarita. 'Leonardo' , por el actor Leonardo di Caprio, rendido ante los encantos de la joven le preguntó «Por qué andas con tu novio, si está gordo y feo». «¿No quieres ser mi novia?», «yo no soy violador o de esos enfermos, yo soy secuestrador. Y soy el más buena onda de toda la banda». Pero en la 'conquista' rivalizó con un compañero que se hacía llamar 'De Niro'. Éste le llevaba ropa, conversaba y la protegía: «Te vas a ir de aquí, aunque tu papá no dé nada». Le prometió que le regalaría flores y la sacaría a bailar. Finalmente la dejó en libertad.

Las hermanas de Thalía - Laura Zapata y Ernestina Sodi- fueron secuestradas el 23 de septiembre de 2002 . Pero Romeo se enamoró de Ernestina. Quedó cautivado cuando la actriz optó por quedarse con ellos a cambio de la liberación de su hermana. La flecha de Cupido fue tan certera que el hombre le llevaba cada tres días «tres docenas de rosas rojas», y lo más destacable: renunció a su parte del botín para que sus colegas no la torturaran.



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