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Viernes, 13 de enero de 2006
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POLÍTICA
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La mayoría de las víctimas de los atentados de Madrid sufre secuelas psicológicas
El 80% de los afectados está insatisfecho con los resultados de la comisión del 11-M
INFORME. La presidenta del colectivo, Ángeles Domínguez, durante la presentación de los datos. / EFE
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La mayoría de los miembros de la Asociación de Ayuda a Víctimas del 11-M presenta secuelas psicológicas, aunque más de la mitad no recibe atención psicológica. Así figura en un estudio presentado ayer bajo el título 'Las víctimas 18 meses después' y elaborado por el colectivo que agrupa a la mayoría de los afectados por las bombas colocadas en los trenes de Renfe.

La presidenta de la asociación, Ángeles Domínguez, aseguró que no todos los datos de este informe son extrapolables a todas las víctimas del 11-M, pero sí clarificadores de la situación en la que se encuentran los miembros de la agrupación que ella dirige. El estudio, «el primero» que profundiza en las necesidades de este colectivo «a medio y largo plazo», ha sido elaborado por la Universidad Complutense de Madrid.

Un 70% de los encuestados asegura sufrir secuelas como «ansiedad elevada, manifestaciones de ira, depresión, problemas de sueño y dificultad para viajar en transportes públicos». Sin embargo, cinco de cada diez afectados confiesan no recibir ningún tipo de ayuda profesional para superar esta situación al «no reconocer los síntomas» o porque «no demandan la atención».

Todo ello provoca que un 39% de las víctimas de los atentados de Atocha permanezca de baja laboral por lesiones físicas, en su mayoría visuales y auditivas, que les impide llevar una vida social y laboral normal. El efecto del drama que han tenido que padecer se ha dejado sentir también en el plano familiar. Tanto víctimas como allegados han tenido que hacer frente a jubilaciones anticipadas, bajas laborales de larga duración, cambios de profesión y dificultades de comunicación en aquellos casos con pérdida de audición.

El estudio llama la atención, asimismo, sobre las secuelas que los atentados han causado entre los hijos menores de las víctimas, entre quienes se han detectado «signos de alerta elevados, temores nocturnos y sensación general de inseguridad», además de comprobar que están abocados a crecer en un ambiente familiar alterado. Para todos ellos se demanda un seguimiento médico «a medio y largo plazo».



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