El Correo Digital
Viernes, 13 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
SOCIEDAD
SOCIEDAD
«Sigo comiendo pollo cada día»
La psicosis que se ha apoderado de Turquía con el consumo de carne de ave castiga especialmente al pequeño comercio y los consumidores
Los altavoces a todo volumen del coche que pasa interrumpen, durante un minuto largo, la conversación. Y Oguz Yildirim, distribuidor de Sen Pilic, una de las marcas de pollo más conocidas de toda Turquía tiene, por fuerza, que dejar a medias su perorata. «Menos mal que han liberado a Alí Agca -es lo último que alcanza a decir antes de que su voz desaparezca bajo el estruendo-, así mañana los periodistas tendrán una noticia nueva, la gripe aviar pasará de moda y podremos volver a vender».

Pero no será tan fácil. Entre otra cosas, porque el altavoz que retumba por la calle está hablando, vaya casualidad, precisamente de lo mismo, y escupe a todo volumen las recomendaciones del Gobierno de Ankara sobre manipulación y consumo de aves. Higiene, prevención y al menor síntoma, acudir al médico. Lo mismo que repiten también, entre cantos religiosos, los altavoces de muchas mezquitas, que colaboran así en una de las campañas de información ciudadana más ambiciosas de cuantas ha emprendido Turquía.

El 'coche anuncio' pasa y Oguz puede volver a hablar. Dice que él solito, junto a ocho empleados más que ahora están «de vacaciones indefinidas», vendía cerca de 1.500 kilos de pollo al día. Y 3.000 huevos. Hasta que llegó la noticia de las primeras víctimas y, ante la repentina caída de la demanda, optó por quemar al completo el último pedido. Desde entonces, hace ya semanas, no ha habido otro. «Es absurdo -comenta indignado- pero no había otro remedio. Aquí ya no entraba nadie. La gente no sabe distinguir entre las buenas marcas, como la nuestra, y las malas. Nosotros tenemos las mejores instalaciones en nuestras granjas, todo techado, para que no haya posibilidad de contacto con aves del exterior. Yo sigo comiendo pollo todos los días».

La de Oguz es una excepción. Lo sabe Aleaddin Yilmaz, el encargado de uno de los numerosos restaurantes Hosta Doner-Kizilay que hay en Ankara, donde el plato principal son los kebab de ternera y pollo. Estos últimos eran los que reportaban más beneficios a la cadena: «Sólo en este local se vendían hasta 4 piezas de pollo a la semana, por sólo dos de carne». «Pieza» es como Aleaddin llama a ese gran pincho giratorio con 200 kg de carne tan característico, del que los camareros van cortando finas lonchas para confeccionar los kebap.

No tienen el mismo problema los hipermercados Migros, que pertenecen al grupo francés de Carrefour. Ellos sí que venden pollo. Sin embargo, en los restaurantes es diferente. En McDonalds se forman grandes colas. En su vecino Kentucky Freid Chicken, especializado en carne de pollo, ni un alma.



Vocento