«De escritor he pasado a dictador», bromea un casi centenario escritor Francisco Ayala (Granada, 1906), para explicar que le dicta a su mujer, Carolyn Richmond, todo lo que escribe. Ayala es la presencia viva y en ejercicio de la Generación del 27. A tres meses de convertirse en centenario conserva la lucidez de los sabios, de esos seres forjados en la lectura del tiempo. Es consciente de que su futuro es demasiado corto, que la naturaleza le ha ofrecido una larga oportunidad. Mira hacia el pasado. Camina con dificultad, arrastrando el peso de los años. «Pero hay que llegar a los dos siglos», dice Carolyn Richmond. Ayala sigue en activo desde su domicilio del madrileño barrio de Chamberí, con un ordenador de última generación. No se atreve a predecir nada, pero sigue en la lucha de la creación, en la defensa de la literatura como arte frente al imperio de la industria.
-¿Cómo va a vivir su centenario?
-Todo eso lo veo como objeto. Llega un momento en la vida en que uno sabe que todo ha terminado y empiezas a vivir mirando hacia el pasado; y es otra manera de estar instalado en el mundo. Sé que por razones del calendario cumpliré cien años, pero para mí no es una perspectiva a la que quiero llegar. Llegaré o no, ya veremos. Ahora he pasado de escritor a dictador, porque se lo dicto todo a mi mujer.
-¿Por qué quiso dedicarse al arte antes que a la literatura?
-Mi madre aprendió a pintar desde pequeña, participó en exposiciones y pintó numerosos cuadros, algunos de ellos los tengo yo, y uno está dentro de mi obra literaria muy movido. La pintura ha sido muy importante en mi vida a través de mi madre. El ambiente cultural de Granada, cuando yo nací, era de pintores. Al casarse mi madre se acabó su pintura y un día me dio los pinceles y traté de pintar, pero como era algo con lo que no estaba satisfecho lo rompí, al igual que he hecho con la literatura: cuando una cosa me parecía que no estaba lograda, no la he publicado y la he destruido para que luego no me la publiquen. La vocación artística es indefinida, pero se concreta en las aptitudes personales de cada uno, y una cosa es sentir la pintura y otra ejercerla, al igual que la literatura.
-¿Le disgustan las apariciones de papeles inéditos?
-Me he precavido en ese sentido al eliminar lo que no quería que saliera publicado, porque no lo he respaldado.
-Dicen que destruye los originales de sus novelas y que no conserva gran parte de su biblioteca así como cartas y demás documentos.
-No he sido demasiado exteriorizador porque soy muy reservado como persona, y por lo tanto hay pocas cosas que puedan exhibirse que resulten pintorescas. Además, cuando considero que una cosa no hay que divulgarla, lo evito destruyéndola. No guardo un archivo de cartas, porque luego son la diversión de los demás.
-Pero sus originales podrían ser muy útiles a los investigadores para estudiar el proceso de sus obras.
-Elimino todos los originales, todo ese taller. Hago pruebas, pero ese material lo tiro. ¿Para qué dejar ahí ese testimonio? ¿A quién le importan los pasos que yo he dado para escribir una novela? Eso es cuestión mía.
Caraduras
-¿Qué le gustaría cambiar de algunas de sus obras?
-Nada. Una vez que he publicado una obra no he cambiado ni una coma, a no ser que hubiera una errata. No, nunca, si la he publicado es porque creía que ya estaba lista.
-En sus muchos traslados también perdió parte de su biblioteca.
-No ha sido ninguna tragedia la pérdida de algunos libros, aunque otros sí los apreciaba mucho. Aprovecharon las circunstancias de la Guerra Civil para robarme ejemplares que contenían dedicatorias, para mí muy importantes, de Ortega y Gasset, Azaña y García Lorca. Años más tarde tuvieron la caradura de ofrecérmelos para que los comprara, y no acepté por asco.
-¿Qué le gustaría que quedara de su obra?
-En la actualidad asistimos a la profesionalización de la literatura y yo no he querido ser un escritor profesional, entendiendo por profesional el que quiere vivir de lo que escribe. Yo no me he sentido forzado a publicar para ganar dinero y nunca he hecho cuestión de ganancia económica con los productos de mi imaginación. Claro está que en la vida actual hay gente que escribe para todo, pero una cosa es eso y otra la creación literaria. Todo esto es una cuestión de explotación económica que no tiene que ver con la literatura.
-¿Ése es el mal de la actualidad?
-La gente se cree que la literatura es tan fácil como freír un huevo, y cree que escribe una novela o un cuento, pero lo escriben mal.
-Su obra es considerada como una defensa de la libertad. ¿En qué estado se encuentran las libertades?
-En un terreno personal, la libertad consiste en ser leal a uno mismo, y no hacer lo que uno sabe en el fondo que no debe hacer.
El compromiso del escritor consiste en no convertirse en un producto industrial?
-El creador tiene que ser fiel a sí mismo, porque de no ser así pasa de ser un hombre capaz de expresar sus intuiciones artísticas a un fabricante que repite fórmulas.
-¿Qué compañeros de generación han quedado en el olvido o bien han sido en exceso destacados?
-En todo eso juega un elemento azaroso. Se han olvidado escritores por circunstancias del momento o de la época, o porque no los han promocionado, pero en general hay una especie de selección natural, y el gran escritor rara vez queda oscurecido para siempre.
-¿Queda mucha literatura del exilio español por regresar?
-Hay escritores que han sacado del exilio una imagen de España y se la han llevado, y se han creído que se la iban a encontrar a la vuelta. Fue el caso de Max Aub, que no lo entendían ni él entendía a nadie.
-¿Persiste en la política actual la sombra de las dos Españas?
-No, no creo que se reproduzcan las dos Españas. No me atrevo a hacer pronósticos del futuro, pero sí creo que está cambiando todo en el mundo y no sólo en España, y ese cambio nos va a afectar profundamente.
Transformaciones
-¿Cómo es ese cambio?
-Todos los valores que han estado en vigor durante tanto tiempo, de repente se han ido al traste. Estados Unidos, que era un modelo de respeto y libertad, ahora es lo peor de lo peor.
-¿Se ha desvirtuado la palabra democracia?
-Sí, aunque no hay que creer que la palabra democracia es un objeto físico incambiable, porque se está aplicando a una estructura social que es cambiable. No es lo mismo la democracia de Atenas que la de la Inglaterra del siglo XIX.
-Pero hay países que dicen ir en nombre de la libertad y la democracia.
-El uso y el abuso de las palabras es una de las cosas más indignantes de la época contemporánea. La gente emplea palabras sin definir en qué consisten.
-Usted vivió el exilio y ahora contempla el fenómeno de la inmigración en España.
-Ésta es una de las grandes transformaciones de la sociedad mundial.
-Pero en Francia se han producido graves disturbios.
-Francia me da lástima. Ha tenido una historia tan brillante durante tres siglos y ahora asistimos a su desmoronamiento. Lo mismo se puede decir de todos los países, porque todo está cambiando mucho.
-¿Se cambia a mejor o a peor?
- ¿Se vive mejor con el desarrollo tecnológico o peor? En un sentido es una maravilla, pero ya sabemos que tiene inconvenientes.