El Correo Digital
Sábado, 14 de enero de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Traspiés diplomático
La prohibición a España, por parte del Gobierno de Estados Unidos, de vender doce aviones militares de la empresa EADS-CASA a Venezuela es un capítulo más del progresivo y preocupante distanciamiento entre dos países aliados y socios en la OTAN; un desencuentro evidente que condiciona el papel de nuestro país en el mundo y su capacidad de maniobra en los foros internacionales. El Gobierno de Bush ha entendido que esta operación va en contra de su política respecto a la Venezuela de Hugo Chávez y ha vetado la operación en aplicación de sus leyes domésticas sobre autorización de licencias de transferencia de tecnología militar. Lo verdaderamente llamativo del caso es que el Ejecutivo español se haya empeñado en impulsar la transacción a través de los buenos oficios del presidente Rodríguez Zapatero y del ministro Bono en Caracas sin contar antes con el visto bueno del principal proveedor de tecnología de estos aviones, que resulta ser su aliado y la primera potencia militar mundial y de la que, a la hora de la verdad, depende en gran medida la defensa española y europea.

En contra de las normas mínimas de la diplomacia, el Gobierno español no ha negociado con Washington antes de proponer la venta a Venezuela, lo que pone de relieve la falta de diálogo y confianza y el exiguo nivel de la relación bilateral existente. Ahora, sin la participación del socio norteamericano, será muy difícil que salgan las cuentas en esta transacción de 1.700 millones de euros, fragatas incluidas, y que pueda realizarse la venta, pese al optimismo manifestado ayer por la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y el intento del ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, de enfocar la cuestión como 'una decisión comercial', extremo desmentido por la Administración estadounidense.

Este episodio debería servir al menos para que se ponga fin de una vez por todas a la manifiesta descoordinación de la acción exterior española. Y ello debería incluir una rectificación que evitara un mayor desprestigio de nuestro país y no comprometiera el desarrollo de las Fuerzas Armadas, ni de las principales empresas del sector, con una dependencia tecnológica abrumadora y, hasta ahora, muy provechosa respecto a los proveedores norteamericanos.



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