No pudo estar más desatinado el presidente Zapatero con la polémica convocatoria de la asamblea de la ilegalizada Batasuna, cuando quiso fundir el cumplimiento de la ley con los derechos individuales de quienes han hecho de la trampa la norma, una forma hábil de garantizarse la subsistencia política. Es, como si Romanones hubiera salido de las páginas de la Historia (de España, con perdón) para aplicar su particular visión de los ordenamientos jurídicos. Tal como está el ambiente, su idea de que las Cortes hagan las leyes, «que ya haré yo los reglamentos» vuelve a estar vigente desde que el grupo de Otegi va avanzando en su plan para atraerse al PSOE a la causa de su reposición legal.
Zapatero, desde que gobierna, ya no cree en la Ley de Partidos que provocó la ilegalización de Batasuna por pertenecer al entramado político de ETA. No es que se vaya a desprender de esa ley. No va a propiciar su derogación porque le importa, para salvar su conciencia frente a las víctimas del terrorismo, mantener su valor simbólico, pero en su aplicación querrá ser, más bien condescendiente. ¿Hay que entender que habría que pasarla por alto? ¿Aplicarla sólo a medias? ¿Con la puntita, quizás?
Los asesores de Batasuna lo tienen todo muy medido. De la misma forma que se la jugaron a quienes creyeron que les habían pillado con el cartel de la convocatoria de la asamblea (un hacha, en diseño 'naif' puede parecer un báculo o incluso una makila, si nos ponemos estupendos) ya contaban con la fecha de caducidad de la orden de Garzón de la suspensión de actividades de su grupo. ¿Se debe renovar o no esta suspensión?
Detalles técnico jurídicos aparte, la esencia está en el cambio de actitud del PSOE para facilitar la vuelta del partido de Otegi a la legalidad. Este diseño está hecho y nadie, salvo el PP y algunos críticos socialistas, parece dispuesto a criticarlo. Y como el encaje de bolillos de Zapatero pasa por la consideración de que un acto individual no vulnera la ley, quizás los 13.000 asistentes con los que espera contar Batasuna, así de uno en uno, puedan hacer todo lo que se les antoje. Burlar las sentencias del Tribunal Supremo, hacer el pase foral del ordenamiento jurídico; incluso participar en las elecciones aunque su opción siga justificando la violencia terrorista. Con un par. Y casi todos les hacen la ola.
Con ETA en activo, éste es el tiempo de Batasuna. Del portavoz ilegal de un partido ilegal que tiene a gala hacer actos ilegales. Y como nadie le exige que renuncie a justificar el terrorismo y que, a su vez, le exija a ETA que se retire, se permite decir que sólo se oponen a este acto quienes tienen miedo a la libertad. Quienes han visto de cerca la cara y ojos de las víctimas del terrorismo hablan de los tiempos de la indignidad.