El Correo Digital
Sábado, 14 de enero de 2006
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VIZCAYA
VIZCAYA
El banco de la paz
DE CUANDO EN CUANDO OLMO Entre las cartas recibidas la pasada semana, a las que voy dando respuesta, con mi mejor voluntad y agradecimiento, me encuentro con la de un asiduo de esta tertulia, que firma con el apellido de B. y que pide un puesto en ese banco del que yo hablaba recientemente. Es el banco de los que se niegan a pasar por el aro de las modernizaciones, de los que siguen añorando los sencillos aparatos 'para tontos' y que pasan olímpicamente del fax, del e-mail, Internet, del DVD, de la TDT, del CD-Rom, del teléfono móvil, de los tonos y de los politonos.

Comentaba mi decisión irrevocable de dejar que el progreso corra a la velocidad que quiera, porque yo me quedaba sentado en mi banco viéndole pasar y diciéndole «¿Adiós que te vaya bien!», y ahora resulta que en ese banco ya no estoy solo. Un lector me escribió para decirme que él también estaba de acuerdo conmigo y había decidido hacerme compañía, y ahora es el amigo B. el que pide un sitio en el banco de la tradición y el sosiego. Pues nada, amigo B., sea usted bienvenido. Ya somos tres.

Es posible que los jóvenes (o no tan jóvenes) que utilizan todos esos modernos sistemas de comunicación nos tachen de retrógrados y nos miren despectivamente al pasar por delante del banco. A nosotros nos da igual. Nosotros seguiremos aquí sentados, tranquilamente viendo aparecer uno tras otro nuevos inventos con sus iniciales correspondientes. No nos afecta. Cuantas mas cosas se inventen más disfrutaremos de la tranquilidad de este banco sin complicaciones, en el que se respira la paz, el sosiego y la satisfacción. La misma satisfacción que disfruta el pastor que desde su montículo ve pasar por la carretera la lenta caravana de los sufridos domingueros.

Algunos amigos me miran con cierta extrañeza cuando les digo que no uso teléfono móvil (tengo uno pero sólo lo utilizo en el coche para llamar a la grúa si surge una avería). Y cuando les digo que tampoco tengo fax, ni e-mail, ni correo electrónico, ni Internet, ni DVD, ni cámara digital ni nada de nada, entonces su mirada de extrañeza se eleva a nivel de conmiseración, pero a mí me da igual. Como decía el famoso humorista Pepe Iglesias 'El Zorro', cada cual con su cada cuala, aquí paz y después gloria.



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