DE CUANDO EN CUANDO OLMO No hace mucho tiempo comentaba yo el tema de esas frases populares que se me antojan injustas porque atribuyen a ciertos animales defectos que a mí me parecen equivocados. Entre ellos incluía el de decir «estás más loco que una cabra». Yo en aquel comentario salía en defensa de las cabras porque no me parece que se dedican a hacer locuras y añadía que he visto a muchos seres humanos hacer más locuras que a ese rumiante tan injustamente calumniado.
Un lector, ya habitual de nuestra tertulia, llamado Jesús O. de S., me escribe para intentar demostrarme que la frase esa de las cabras tiene su justificación. ¿Cuál? Pues léanla ustedes a ver qué les parece:
«La cabra tira al monte, ya que allí donde va la cabra hay pastos frescos para ella, no hollados por otros animales (vacas, caballos...). Son sitios poco o nada frecuentados por humanos (la escalada y el montañismo son deportes más modernos que esta frase). Por tanto, el humano que dijo esta frase por primera vez no estaba acostumbrado a andar por esos parajes. Y dijo que eso era cosa de locos. Por tanto la cabra está loca. Por tanto si tú estás loco, estás más loco que una cabra, como queríamos demostrar».
Hasta aquí el argumento de Jesús, que no me ha convencido mucho, ésa es la verdad. Lo primero porque no se sabe si la frase es anterior al deporte del montañismo. Si no lo es, la demostración cae por su base. En caso de serlo, tampoco me parece suficiente argumento para calificar de chiflado a un animal que sabe dónde encontrar buenos pastos sin que se los quite nadie. Si eso es síntoma de locura, ¿qué tendríamos que decir de los que suben al Everest sin más aliciente que pasarlas canutas y si se tercia dejarse el pellejo en la nieve?
Y que conste que lo digo sin la menor intención de menospreciar las hazañas de esos increíbles montañeros a los que admiro por su audacia y abnegación, aunque no les envidie, porque a mí el frío no me atrae.
La carta de este comunicante hablaba también de las gallinas, a las que se atribuye, a mi modo de ver también injustamente, el sambenito de tontas y cobardes, pero ésa es otra historia de la cual, si les parece, hablaremos mañana, Deo volente. No se me vayan, por favor.