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Lunes, 16 de enero de 2006
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DEPORTES
Bilbao Basket
El Lagun Aro sufre en los partidos y cae en la tabla por su falta de dureza
Los resultados de la jornada de ayer pasan factura al conjunto de La Casilla
ENFADO. Richard Scott muestra su contrariedad tras serle señalada una falta. / GABRIEL VILLAMIL
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Es como para creer en las 'meigas'. La irracionalidad preside esta Liga ACB que camina por unos derroteros tan emocionantes como peligrosos. Mientras el Lagun Aro ha hecho bien casi todos sus deberes contra sus rivales más próximos, otros de sus oponentes se empeñan en demostrar que todos se pueden ganar entre sí. El tropiezo de Valladolid, imputable al propio equipo rojillo, ha pasado factura. Nada grave -no más que lo vivido ya otras veces esta campaña-, pero sí sintomático. No hay manera de escapar de las arenas movedizas y la segunda vuelta se prevé plena de incertidumbre para todos.

El Menorca ganó en Valencia, el Etosa en Girona y el Caja San Fernando en Granada. Peor, casi imposible. Aunque la meta de dejar a dos equipos atrás en la jornada 34 es la única consigna válida, inquieta vivir en un bloque con tantas puertas. Más si se añoran jornadas en las que se dejaron escapar victorias que casi se acariciaban. Pasó en Girona, Valencia y tierras pucelanas, por poner tres ejemplos a domicilio. Partidos que se fueron ganando, y que tuvieron un común denominador: la flojera rojilla cuando el rival de turno entendió que lo intentaría también por las malas.

La actual ACB va conociendo a los vizcaínos. Si no se remedia, su falta de dureza va a ser la herida más buscada por la competencia. Recibir y no dar nunca ha sido un camino rentable y al Lagun Aro es una filosofía -no buscada- que le complica la vida. Ver al equipo rojillo por delante en el marcador al descanso, solvente en juego y mentalidad, supone el anuncio de lo que le llegará a continuación. Reparto indiscriminado de estopa. Los colegiados, mientras reaccionan ante el nuevo decorado, se muestran permisivos y para cuando reaccionan, los de Vidorreta son ya un grupo tocado psicológicamente.

En la plantilla vizcaína no hay Scolas o Garbajosas (20 faltas recibidas entre ambos en la jornada de ayer por cuatro cometidas). Si el respeto arbitral a ambos extraordinarios jugadores coincidiera con el brindado a Weis o Banic, el dúo franco-croata se dislocaría la muñeca de apretar manos y firmar autógrafos. Es una realidad, admisible. Pero todo el mundo espera más, en esas situaciones, más allá de una mirada lastimera en busca de una explicación inexistente. Quizá más de quienes no empiezan el partido entre los elegidos. Otra cantinela ya tarareada por este equipo.

Canastas a tiempo

En Valencia sonó la alarma. En Valladolid se repitió el repiqueteo. Al margen del cinco inicial anotado por Vidorreta en el acta, siete tristes puntos para quienes están llamados a dejarse el alma para demostrar a su entrenador que merecen más minutos, una presencia importante. Los suplentes del Etosa llegaron ayer hasta los 33 puntos; los del Caja San Fernando aportaron 26; los del Manresa -los menos eficaces- se fueron a los 15. En el otro plato de la balanza figuran los 51 del Fuenlabrada, los 35 del Girona o los 34 del Gran Canaria. Se puede ganar y perder al margen de ese plus que llega del banco, pero con tres o cuatro canastas anotadas a tiempo, el Lagun Aro podría estar ahora sacando lustre a nueve triunfos como nueve soles, haciendo cuentas quizá para jugar la Copa del Rey, efectismos al margen.

El bilbaíno no es un equipo pegón, pero eso no le protege de las personales. Al contrario, suele perder en el reparto numérico en el que suelen derivar los arbitrajes. Necesitan los hombres de negro de la ACB percatarse de que la dureza, como componente del juego, puede resultar tan intimidatoria como la altura de Fred Weis.

El resultado de dicha limitación está reflejado en la clasificación. El Lagun Aro sigue al alcance del aliento de perseguidores que amenazan con tutearle. Cuando Vidorreta ha pedido pasos, han sido dados. Por pedir que no quede, pero hay cosas que deberían aflorar como una exigencia. La dureza constante, por ejemplo.



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