La pose con la que llegó el Athletic al Camp Nou era la de un equipo angustiado. La desesperación se leyó el sábado en Lezama en la garganta de Javier Clemente. «Como juguemos como en el Bernabéu, nos llevamos siete o nueve». El entrenador lanzó esa frase como una estrategia motivadora. Para ver si sus jugadores cambiaban de actitud. El plan de advertirles de que o presentaban batalla o se iban con un saco de goles en contra resultó. Al menos, en cuanto a evitar el desastre y a conseguir que su equipo pusiera otra actitud sobre el campo. Después de los cuatro goles de Madrid, la idea de ver al Athletic humillado se convirtió en una pesadilla que no ha dejado de acosar estos días ni a los jugadores ni a sus aficionados.
Por este lado, el Athletic se marchó entero de Barcelona. Ciertamente, de nada vale si se mira la clasificación, pero al menos supone un punto de tranquilidad emocional. Jugando así, con la actitud de ayer, el equipo tiene algo que hacer, aunque ciertamente el panorama no sea nada halagüeño.
De hecho, el Athletic estuvo más cerca de la proeza de lo que nadie podía esperar. Fue ganando y un penalti discutible dio paso al inicio de la remontada azulgrana. No había más que ver a Frank Rijkaard comiéndose las uñas en el banquillo para entender que el Barcelona sufrió más de lo previsto para mantener su magnífica racha de partidos ganados, que ayer alcanzó la deslumbrante cantidad de diecisiete, y de paso completar la mejor primera vuelta de su historia. Justo lo contrario que los rojiblancos, que por primera vez en su vida llegan a la mitad de la campaña en puestos de descenso.
Como primera medida táctica, a Clemente no se le ocurrió más que tirarse atrás de salida. Cuando cantó la alineación en el hotel Calderón se debió escuchar el gripo 'Numancia' porque lo cierto es que decidió defender por acumulación. Tres centrales y dos laterales, Lacruz y Expósito, con la misión de hacer de grilletes de Ronaldihno y Messi, respectivamente. Los dos azulgranas marcaron, el brasileño de penalti y el argentino en un rechace. Pero lo cierto es que la consigna de Clemente provocó que nunca disfrutaran del partido y que, desde luego, no conectaran con Eto'o, que se despidió camino de la Copa África sin ninguna ocasión de envergadura y en un partido en el que lo único que se le vio fue escupir a Expósito.
El Athletic tenía claro que la única forma de mantenerle la cara al Barcelona era plantear un partido a cara de perro, porque no se recuerda un equipo que juegue con tanta facilidad al primer toque como éste de Rijkaard. Así lo hizo y el Barcelona se vio maniatado sin esperárselo. De hecho, en un detalle inaudito, los catalanes no dispararon a puerta hasta el minuto 19.
Polémica y bronca final
Pese a su estrategia defensiva, el Athletic no se olvidó de buscar la portería de Valdés, algo que hizo con Orbaiz lanzando a Etxeberria, y Yeste suministrando balones a Llorente, muy incisivo toda la noche. Tanta presunción de que iba a golear fácil les jugó una mala pasada a los azulgranas, quienes se encontraron a los 16 minutos con el tanto de Llorente. Inesperadamente, el equipo que había saltado al campo metiendo miedo era el de Clemente, que se ganó tres de los cuatro primeros remates del encuentro.
Hubo una jugada que tuvo una incidencia decisiva en lo que sucedió después, el discutible penalti de Amorebieta. Es cierto que la pelota le da en el brazo, pero hay que recordar que las manos sólo se pitan si son intencionadas y desde luego nadie puede poner la mano en el fuego de que fuera así. De hecho, la sensación que deja la jugada es que el central de Iurreta comienza a retirar su brazo cuando ve que Eto'o se agacha delante de él. La pelota le pega en la extremidad y en su debe sólo puede achacarse que quizá pagara un exceso de confianza por tenerla despegada dentro del área.
La desconfianza en la defensa rojiblanca tiene su fundamento en situaciones como la del segundo gol azulgrana. Resulta incomprensible que Messi iniciara la jugada en la banda derecha y le diera tiempo a llegar al área sin que nadie reparara en él para empujar el rechace a gol.
Tras el 2-1 Clemente lo intentó a la desesperada dando entrada inmediata a Iraola, Guerrero y Aduriz, De nada valió. Su equipo ya fue incapaz de crear nuevas ocasiones. Y para colmo tuvo que soportar agresiones como el estirón de pelo de Deco a Gurpegui, que valió la expulsión al portugués, y un escupitajo de Eto'o a Expósito. Muestra de que el Barça llegó a temer de que no iba a poder con el Athletic.