Hasta hace dos años y medio copaban las calles todas las semanas en protesta por los asesinatos de ETA. Ahora, en ausencia de atentados mortales, su presencia es casi testimonial. En Euskadi existen unos cuarenta grupos pacifistas y en favor de los derechos humanos, según datos del Departamento vasco de Justicia. Los más representativos analizan la evolución de este movimiento desde 2003 y las razones del importante descenso de sus movilizaciones. Algunos, como Gesto por la Paz, realizan concentraciones esporádicas. Otros, como Denon Artean o el Grupo por la Paz Irún-Hondarribia, se encuen-tran «en el 'congelador'», a la espera de lo que depare un eventual proceso de paz. La ausencia de asesinatos, la consolidación del rechazo social al terrorismo y las profundas transformaciones en las formas de relación social, con la apa- rición de las nuevas tecnologías, son las principales razones del descenso de la actividad pacifista, según explican sus responsables.
JESÚS HERRERO
(Gesto por la Paz)
«Sin asesinados hay menos manifestaciones»
Gesto por la Paz simboliza como pocos el pacifismo vasco. Durante los noventa y principios de esta década han salido a la calle prácticamente todas las semanas a denunciar los asesinatos de ETA y cualquier muerte violenta. Solos o acompañados de miles de ciudadanos. Suyas son algunas de las campañas más emblemáticas, como la del lazo azul contra los secuestros de Iglesias, Aldaia, Delclaux u Ortega Lara. Este año Gesto cumplirá veinte y su mayor deseo para esta fecha sería desaparecer, porque la paz que predica habría llegado a Euskadi.
El colectivo sigue convocando concentraciones que apenas reúnen a varias decenas de personas. Nada que ver con las épocas más duras del terrorismo. Su portavoz, Jesús Herrero, explica que la actual coyuntura política, con dos años y medio sin muertos, ha relajado, que no apagado, su labor. «Afortunadamente, llevamos bastante tiempo sin tener que convocar los 'gestos' (manifestaciones tras un asesinato). Es lógico que si no se han producido atentados mortales por parte de ETA, haya un descenso en el número de manifestaciones», apunta este informático bilbaíno de 39 años.
Por ello, considera que la labor futura de estos colectivos debe evolucionar y adaptarse a la situación actual, marcada por los cambios provocados por las nuevas tecnologías. A la espera de que se consolide la paz, Gesto apuesta por incidir en dos temas: la deslegitimación de la violencia y el reconoci- miento a las víctimas. Sus más de cien grupos locales de Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra siguen trabajando, aunque alejados de la primera línea política y mediática. Su filosofía sigue basada en los derechos humanos y en separar violencia y política.
Herrero añade que ahora se hace un trabajo más sordo. «Realizamos acompañamiento a las víctimas de terrorismo, a través de jornadas y contactos personales. Elaboramos materiales didácticos para la educación por la paz, y seguimos concentrándonos en distintos municipios en contra de la violencia de persecución», señala. La defensa de los derechos de los presos también forma parte de su ideario. Periódicamente se siguen reuniendo con partidos para analizar la coyuntura.
CRISTINA CUESTA
(DENON ARTEAN)
«Ya se ha logrado deslegitimar el terrorismo»
El nombre de Denon Artean está históricamente ligado a la plaza de Guipúzcoa de San Sebastián. Este emblemático lugar ha sido escenario de cientos de concentraciones contra los asesinatos de ETA convocadas por este grupo que en 1992 creó un servicio pionero para la atención social a las víctimas del terrorismo. Han pasado dos años y medio sin muertos y Denon Artean se ha disuelto, aunque sus miem- bros continúan en colectivos como Covite, ¿Basta ya! o Foro Ermua. Lo que no se ha apagado es su denuncia contra los asesinatos.
Una de las integrantes de Denon Artean que sigue militando contra la violencia es la donostiarra Cristina Cuesta. Ha vivido en carne propia la herida del terrorismo de ETA, que asesinó en 1982 a su padre, Enrique Cuesta, delegado de Telefónica en Guipúzcoa. Al contrario que otros grupos pacifistas, la actual miembro de Covite cree que la ausencia de asesinatos no es la única causa del descenso de movilizaciones.
«Es debido también a la derrota policial de ETA, al desconcierto político sobre el final del terrorismo, que se manifiesta especialmente en la ruptura del Pacto por las Libertades, y a la falta de urgencia cívica por deslegitimar la violencia terrorista, sobre todo en el País Vasco». Argumenta que la verdadera «evolución» de los grupos pacifistas debe ser pasar de la denuncia ética contra ETA a la protesta política. «ETA comete crímenes políticos, busca la imposición totalitaria de su ideario, por lo que el compromiso tenía que ser político: básicamente, defender los principios constitucionales que nos hacen ciudadanos, no miembros de una tribu», afirma. En lo que sí coincide con el resto de grupos es en que otra tarea pendiente será el trabajo por la memoria y la educación contra el fanatismo.
MARÍA ANTONIA OLAZABAL
(GRUPO POR LA PAZ IRÚN-HONDARRIBIA)
«Estamos 'congelados', a la espera de la paz»
María Antonia Olazabal recuerda las lágrimas de emoción de varios residentes del cuartel de la Guardia Civil de Belaskoenea cuando su grupo pacifista se concentró ante el edificio en protesta por un atentado contra este cuerpo policial. Rememora los actos en la plaza San Juan contra el secuestro de Aldaia y las contramanifestaciones de HB. También las concentraciones de duelo por la muerte de miembros de ETA, que contaban con menor asistencia. Olazabal y su Grupo por la Paz Irún-Hondarribia estuvieron en primera línea de la calle en la repulsa ciudadana a ETA. Sin embargo, la ausencia de asesinatos les ha retirado de las calles, que antes ocupaban semanalmente.
Olazabal enmarca el descenso de la actividad pacifista en la actual situación de umbral de un proceso de paz y considera que el pacifismo vasco sigue vivo, pero está «'congelado'» a la espera del resultado. «Es evidente que la ausencia de atentados mortales ha hecho descender la actividad en las calles, pero no estamos parados porque la violencia callejera y la extorsión a los empresarios no han parado». Por ello, las doce personas que componen este colectivo siguen reuniéndose para analizar los atentados.
JONAN FERNÁNDEZ
(ELKARRI)
«Este proceso ya no tiene marcha atrás»
Renovarse o morir. Elkarri ha sido el primer movimiento social en adecuarse a los nuevos tiempos. El pasado mes, su asamblea aprobó transformar la organización en un nuevo modelo, con una red de relación por Internet. Los principios siguen inalterables, pero el siglo XXI y las nuevas tecnologías demandan nuevas formas de trabajar y relacionarse con la gente.
Su coordinador general, Jonan Fernández, explica que «el movimiento pacifista y asociativo está en una encrucijada», y Elkarri ha hallado su propio remedio con una nueva organización que, de momento, se llamará Eragin, aunque el 25 de marzo podría adoptar otro nombre.
La clave será pasar de un modelo de funcionamiento en grupos locales a otro más «ágil» que trabajará en red, donde Internet tendrá mucha importancia y permitirá colaborar a todo aquel que lo desee allá donde esté. Un observatorio del desarrollo del proceso de paz, que emitirá informes trimestrales, y asambleas internas completan el esquema, a la espera de definir nuevas actividades.
A su juicio, la ausencia de asesinatos es el factor más determinante de la «relajación social». La sociedad asume la necesidad del diálogo para resolver los conflictos políticos y este proceso «ya no tiene marcha atrás, aunque ETA volviera a matar».
Para el miembro de este movimiento social, la situación es irreversible. Cree que, aunque no prosperara un proceso de paz, «no vamos a retroceder al siglo pasado», porque «la violencia y la crispación política son un anacronismo que no se corresponde con las necesidades vitales de la sociedad».