Hay una vieja tradición norteamericana que consiste en criticar, ridiculizar y, en general, despreciar al hombre del tiempo, ese sujeto que día a día nos pronostica el clima que nos espera. Probablemente tan vehemente afición proviene de los muchos errores que antaño se cometían y al hecho de que necesariamente ha de presentarse como un tipo simpático y algo excéntrico, lo que conquista a algunos pero desata odios en otros.
Esta idea queda reflejada en la película que nos presenta el versátil y polifacético Gore Verbinski ('The Ring', 'Piratas del Caribe') mediante una serie de secuencias claramente alusivas a esta obsesión y mediante los ataques que sufre el protagonista. Pero la prevención previa que hay que hacer es que, aunque se venda y se presente como comedia, nada de esto tiene -si quitamos un par de toques de humor negro- pues, en realidad, la intención del guión es la de diseccionar a un hombre desquiciado, obsesivo, desorientado y sentimentalmente destrozado que ve triunfar su vida profesional mientras que la privada se derrumba.
El guión recoge elementos individualmente interesantes. El matrimonio en crisis, el padre enfermo (siempre genial Michael Caine), los hijos con problemas y las aspiraciones profesionales se entremezclan en una densa y cuidada historia que, sin embargo, no resulta y quiebra por su excesiva neurosis, por una forma demasiado americana de presentar los problemas y psicoanalizarlos, rozando por momentos el aburrimiento, y provocando un constante desinterés.