Cinco años después del estallido de la 'burbuja' tecnológica, el fantasma de una nueva crisis del sector sacudió ayer Japón. Las sospechas de que el vertiginoso crecimiento del grupo de Internet Livedoor fue fruto de prácticas ilícitas sacudieron el mundo financiero nipón. La Bolsa de Tokio se desplomó un 2,8% -la mayor caída desde mayo de 2004- al desvelarse indicios de que las empresas que forman el consorcio incurrieron en falsificaciones sistemáticas de resultados y de informaciones para impulsar el valor de sus acciones. Las dependencias de la compañía 'puntocom' fueron registradas por orden judicial en busca de pruebas.
El escándalo derrumbó la cotización de las firmas integradas en Livedoor -en total se depreciaron en unos 150.000 millones de yenes, lo que equivale a 1.077 millones de euros- y salpicó especialmente a las de informática y tecnológicas, que arrastraron a la baja al índice Nikkei.
Entre las primeras pruebas que las autoridades sacaron a la luz, la edición digital del influyente diario económico 'Nihon Keizai' citó unos correos electrónicos en los que varios ejecutivos de una filial de Livedoor acordaban falsear la fecha de compra de una editorial. Los mensajes mostraron que esa decisión pretendía revalorizar los títulos.
Investigación
Los detalles de la investigación oficial difundidos por medios nipones revelaron que ValueClick Japan, otra filial, violó la normativa bursátil vigente al falsificar testimonios relacionados con la absorción de otra empresa tras manipular su contabilidad.
El presidente de Livedoor, Takafumi Horie, anunció una investigación interna sobre las supuestas prácticas ilegales y se prometió a hacer públicos sus resultados. Horie, de 33 años, conocido por sus agresivas operaciones financieras, descartó cualquier efecto negativo del escándalo en sus negocios.
El grupo, creado en 1996, ha basado su vertiginosa expansión en la compra y absorción de compañías. Actualmente cuenta con 44 filiales y 2.456 empleados. Su capitalización ronda los 700.000 millones de yenes.