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Miércoles, 18 de enero de 2006
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POLÍTICA
POLÍTICA
OPINION/La levitación de Otegi
Con prohibición o tolerancia, Batasuna sigue colocada en el centro del escenario. Tal y como lo habían soñado sus dirigentes; aunque quizás Otegi no llegó a medir la decisión del juez Grande Marlaska, no sólo de prohibir la celebración de la asamblea de Batasuna, por ser «frente político institucional de ETA», sino de renovar la suspensión de sus actividades por dos años más y de cerrar sus locales y página web.

El juez, con el anuncio de sus medidas cautelares, ha respondido con meridiana claridad a aquellos que se entretenían en preguntar si Batasuna estaba detrás (más bien delante) de la polémica convocatoria; o si el mismo Otegi, que actuó de cartero del prófugo 'Ternera' en el Parlamento vasco, es el mismo que ha tenido a gala, durante todo este año, exhibir su ilegalidad tolerada. Y si los 13.000 asistentes con los que esperaba contar la formación ilegalizada en el polémico acto se van a quedar sin poder ejercer su libertad de expresión.

Todos pendientes de Batasuna, que está forzando el pulso con el Gobierno socialista, aprovechándose de la desestabilización que puede provocar ETA mientras siga con las armas en la mano. Ni siquiera su portavoz se pudo llegar a imaginar que se pudiera amortizar tanto su situación 'atípica' cuando llegó Zapatero a La Moncloa. Tan sólo en los tiempos en los que ETA anunció su tregua trampa , cuando se observaba a Otegi hasta cuando se cambiaba de pendiente, había vivido una situación similar a la de la levitación política.

Y algunos, víctimas de sus propias palabras. Zapatero, no sabe cómo explicar qué quiso decir cuando declaró que la Ley de Partidos era restrictiva y ha optado por no decir ni pío del tema en sus comparecencias públicas. Y José Blanco ha pasado de considerar «irrelevante» que la asamblea se celebrara, o no, a decir, una vez ha hablado el juez, que nuestra democracia es fuerte, a pesar de la oposición. Menudo travestismo en el mensaje.

De todas formas, el auto nos demuestra que, a pesar de las preferencias del Gobierno (al presidente le incomoda la Ley de Partidos), con magistrados diligentes funciona el Estado de Derecho. Que Batasuna pueda celebrar su reunión, con mayor o menor lucimiento, queda fuera de toda duda. Lo hará. Pero los que han vivido del conflicto deberían empezar a demostrar que están en condiciones de exigir a ETA que se jubile. En este año de continuas comparecencias públicas no lo han hecho. No han facilitado gestos que demuestren su decisión de convertirse a la democracia.

Pero como desde las instituciones se les ha dejado de exigir que renuncien al terrorismo, Batasuna sigue con lo suyo. Seguirán con el desafío. No les falta imaginación; desde luego. Ni, tampoco, aliados.



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