'Brokeback Mountain' hubiera sido la película idónea para inaugurar la tercera edición de Zinegoak, el Festival Internacional de Cine Gay/Lesbo/Trans de Bilbao, que arrancó ayer. «Teníamos por escrito el beneplácito de la productora neoyorquina», recuerda Roberto Castón (La Coruña, 1973) director del certamen. «Pero la distribuidora española, UIP, dijo que eso podía encasillar la película y afectar a su carrera comercial. Los productores lamentan no poder hacer nada porque los derechos internacionales están vendidos».
Muchos Globos de Oro y Oscar en lontananza no bastan para confiar en la viabilidad de una historia de amor tabú. «Es sintomático de hasta qué punto la etiqueta gay es comercial», apunta Castón. Más de 5.000 espectadores de Zinegoak rebatieron el año pasado los temores de la distribuidora propiedad de una multinacional. Los Capitol y la sala Bilborock acogen hasta el domingo proyecciones de cortos, largos y documentales sin cabida en las salas comerciales.
Cine gay porque sus personajes lo son, no porque las tramas se adscriban a un género. Relatos cotidianos de EE UU, Israel o Rusia, que no contemplan la homosexualidad como una experiencia traumática. «De hecho, hemos seleccionado muy pocas cintas donde se viva como conflicto», confirma Castón. «No porque no nos interesara, sino porque ya no se tratan esos temas. Antes la homosexualidad en el cine era un conflicto que casi siempre acababa con el suicidio del protagonista. Que ya no se hagan películas como 'Muerte en Venecia' es una buena señal».
Zinegoak persigue un doble objetivo: difundir filmes que sólo se exhiben en el circuito internacional de festivales gay y normalizar las relaciones de pareja que muestran. Paradójicamente, si el certamen alcanzara sus metas tendría que desaparecer. «El futuro ideal sería morir de éxito, pero dada la situación social que vivimos lo dudo mucho. Hemos conseguido prácticamente todo a nivel legal, pero a nivel social seguimos siendo perjudicados».
Un vistazo a la televisión podría hacer pensar lo contrario: se acaba de estrenar 'L', una serie protagonizada por lesbianas, y la pareja homosexual de 'Aquí no hay quien viva' cada vez tiene más protagonismo. Castón constata que la pequeña pantalla asume más rápido que el cine las percepciones sociales. Al fin y al cabo, la audiencia dictamina en cada episodio si le cae bien Anabel Alonso de dicharachera lesbiana.
Lo que ya no tiene cabida es el estereotipo de la locaza, «impensable porque se consideraría políticamente incorrecto». A Castón no le importaría recuperarlo. «La locaza no deja de ser un personaje subversivo, que en el fondo extrapola su feminidad en busca de una respuesta política. Antes me parecía mal porque sólo existían este tipo de personajes, creando la falsa ilusión de que todos éramos así. Pero si ahora aparece Álvaro Pombo reconociendo su homosexualidad sin ningún tipo de problema y al lado está Boris Izaguirre con su famosa pluma glamurosa me parece perfecto».
El espejo de Chueca
Zinegoak permitirá repasar la imagen de gays y lesbianas en el cine español a través de un ciclo con títulos seleccionados por Vicente Molina Foix, de 'Diferente' (1962) a 'La muerte de Mikel (1984)'. El domingo, Eusebio Poncela hará un alto en el rodaje de 'Santa Teresa de Jesús' para recoger el premio honorífico. Además de gestor, Roberto Castón es cineasta (ganó en 2004 el Festival Gay de Madrid con su corto 'Maricón'), y certifica que Zinegoak es «el mejor certamen en calidad» de España.
Residente en Barcelona, pasa tres meses al año en Bilbao para preparar seis días de vértigo. Vive y trabaja en Bilbao La Vieja, un barrio degradado en cuyo renacimiento el colectivo gay ha tenido mucho que ver. ¿Chueca es un espejo en el que mirarse? «Yo no me siento cómodo allí. Me gusta más el ambiente de Barcelona, donde hay muchas zonas de concentración gay, no sólo una. Hay que evitar ese 'gueto', aunque no deja de ser una socialización: siempre ha habido barrios de pescadores ».
Castón observa que Bilbao es la capital gay del norte de España, pero no deja de ser una ciudad pequeña. «Como visitante, palpo que la cultura es más conservadora, y eso no lo detecto en Madrid ni en Barcelona. Una cultura más endogámica, con reticencias hacia lo nuevo, aunque Bilbao está despertando muy rápidamente».