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Miércoles, 18 de enero de 2006
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VIZCAYA
ÁLVARO SIZA ARQUITECTO
«Aquí no se hace 'vedettismo' arquitectónico»
El creador portugués, que conoció la villa de adolescente, alaba su regeneración
Álvaro Siza. / B. C.
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Cuando Álvaro Siza era niño, su familia solía dedicar las vacaciones a hacer rutas por España. «Veníamos todos los años a pasar unos veinte días -relata, entre profundas caladas al cigarrillo que pone fin a la abstinencia de la rueda de prensa-. El país era entonces muy pobre y, para nosotros, resultaba barato. No había autopistas, atravesábamos los pueblos». Aquellos felices vagabundeos por carretera le trajeron, de adolescente, hasta la capital vizcaína.

-¿Qué recuerda del Bilbao de hace medio siglo?

-Yo tendría quince años y ahora paso de 70, ya ve... No pensaba aún en la arquitectura, pero sí mucho en la escultura, que era a lo que quería dedicarme. Aquel Bilbao, respecto al de hoy, lo recuerdo oscuro. Había aún mucha actividad portuaria e industrial, que ahora se ha desplazado. La otra impresión que me llevé de aquí fue la de las grandes casas de familias ricas, que aún existen. Y esa sensación de estar en un hueco, en un agujero. También recuerdo lo bien que se comía, claro, pero eso tampoco ha cambiado.

-Regresó décadas después, poco antes de que se pusiese en marcha el proyecto del Guggenheim.

-Cuando vi la parcela, pensé que era muy fría, con ese gran viaducto que parecía difícil de domesticar. Era un hueco muy desagradable y parecía una misión imposible, pero el museo asumió la excepcionalidad de escala del puente y formó un todo con él. Entendí que no era sólo un museo, sino el inicio de una transformación.

-Gehry, Foster, Hadid, Moneo, ahora Siza... ¿Bilbao es un parque temático de la arquitectura?

-No me gusta mucho esa expresión. Lo que hay hasta ahora es un gran acierto en la selección. Por ejemplo, el metro es formidable: tiene una unidad que no se suele ver en estos proyectos. La construcción de un metropolitano es un elemento transformador muy fuerte, invisible pero de gran eficacia. Es subterráneo, pero emerge aquí y allí y crea polos de transformación. En Bilbao no se están haciendo cosas aisladas, no es una cuestión de 'vedettismo' arquitectónico: hay una trama, una idea general.

-¿Es más difícil ponerse a trabajar en un entorno con tantas obras destacadas?

-En principio, es mejor. Nosotros no trabajamos desde cero, sino que partimos de estímulos varios. El condicionamiento puede ser pesado, pero es un punto de apoyo. La libertad absoluta no sirve para la arquitectura -en realidad, creo que no sirve para nada-, porque el condicionamiento es el elemento que nos permite construir una idea, sea en secuencia o en oposición. Y por supuesto, si los condicionamientos son buenos, mejor.



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