El futuro paraninfo de Abandoibarra acabará con la «invisibilidad» de la Universidad del País Vasco en Bilbao, según planteó ayer el rector, Juan Ignacio Pérez, durante la presentación del proyecto encargado a Álvaro Siza. De la apariencia que tendrá el edificio poco se sabe todavía, ya que el arquitecto portugués no ha decidido siquiera qué materiales va a utilizar, pero todas las instituciones implicadas están de acuerdo sobre el efecto positivo que tendrá en la vida universitaria y ciudadana. «Pone el broche de oro en la regeneración de la zona», valoró el presidente de la BBK, Xabier de Irala.
La entidad financiera asumirá la construcción del recinto, con un coste estimado de 18 millones de euros, y lo cederá a la UPV durante un periodo inicial de seis años. Situado entre el Guggenheim y la pasarela Pedro Arrupe, el paraninfo tendrá una superficie de casi 8.000 metros cuadrados, de los que 1.400 se dedicarán al auditorio y las salas de reunión, 1.600 a espacios de exposición y 1.200 a oficinas. El resto serán aparcamientos. Los terrenos estarán disponibles en junio y la obra, con una duración prevista de año y medio, arrancará el 31 de diciembre.
«Es un proyecto largamente soñado», saludó Irala. Según el responsable de la caja, el equipamiento «nace con la vocación de convertirse en escenario y catalizador de los objetivos de la propia Universidad», pero, además, está concebido con «carácter abierto», de manera que se produzca en él una «cohesión e interrelación de los dos ámbitos, el ciudadano y el universitario». El rector también aludió a este doble objetivo: por un lado, el salón de actos dotará a la institución educativa de «visibilidad social» y acabará así con «uno de los déficits que la Universidad tiene más interés en resolver»; por otro, dinamizará la vida cultural mediante debates, presentaciones y conferencias.
El do de pecho
«¿Ya tenemos a Álvaro Siza!», comenzó su exultante intervención el alcalde de Bilbao, que contempla el paraninfo como «un entremés en el festín de lo que tiene que llegar de la Universidad». Iñaki Azkuna abogó por un «gran acuerdo» para que la institución educativa «descienda del monte al que la llevó el franquismo» y recalcó que la presencia de la UPV en Bilbao sería «buena» para ambas partes. «Ha llegado el momento de dar el do de pecho. Yo tiendo la mano», se ofreció. El regidor resaltó además la coincidencia en Abandoibarra, a escasos metros, del futuro salón de actos de la UPV y la biblioteca de la Universidad de Deusto, obra de Rafael Moneo: «No diré que son edificios emblemáticos, porque el único emblemático es el puente de San Antón, pero sí singulares».
De hecho, Siza anunció que tendrá muy en cuenta el diseño ideado por su «viejo amigo» Moneo, con quien habló hace días, de manera que el paraninfo guarde «armonía» con la biblioteca. Por lo demás, el arquitecto portugués se mostró partidario de tomarse su tiempo para madurar el proyecto, que habrá de ceñirse, eso sí, a la «clara definición indicativa del volumen del edificio» que figura en el plan. Tendrá que atender, además, a la «variada» utilidad que se quiere dar al recinto y a su «apertura a la ciudad». Álvaro Siza se mostró muy satisfecho de aportar su grano de arena a la «transformación» bilbaína: «Esto es una pequeña pieza dentro de un gran proyecto, lo que supone una gran responsabilidad».
El arquitecto, nacido en Matosinhos en 1933, recibió en 1992 el premio Pritzker, el más importante en su disciplina. En España, es autor del rectorado de la Universidad de Alicante, el Centro Gallego de Arte Contemporáneo (Santiago de Compostela) y el Centro Meteorológico de la Villa Olímpica de Barcelona. Según Xabier de Irala, le han elegido por «la manera en que entiende el especial equilibrio que deben guardar las obras de arte de la arquitectura y el entorno ciudadano».