El Correo Digital
Miércoles, 18 de enero de 2006
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VIZCAYA
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Vaticinios
DE CUANDO EN CUANDO OLMO Una de las cosas que he echado de menos al comenzar el año es la actividad de los videntes, que al llegar el año nuevo solían decirnos lo que iba a ocurrir durante los 365 días, en las diversas actividades del mundo mundial.

¿Acertaban aquellos vaticinadores? La realidad demuestra que unos acertaban y otros fallaban porque, en general, estos pronosticadores y pronosticadoras suelen utilizar un método muy práctico, que consiste en hacer muchos pronósticos, cuantos más mejor.

El paisanaje después de leer los vaticinios se dedica a sus labores, pasa el tiempo y se olvida del tema, pero los encargados de los vaticinios, como los tienen apuntados, no se olvidan de ellos y esperan pacientemente como el gato ante el agujero del ratón. Si el ratón no sale, no pasa nada pero si algún día sale, allí le espera el gato, que se apodera de él. Es lo que pudiéramos llamar la táctica de la paciencia.

Un hecho similar, 'mutatis mutandis', es el que utilizan los vaticinadores. Con la nota de sus vaticinios en la mano, esperan con la misma paciencia del gato a que pasen los días y vayan sucediéndose los acontecimientos más o menos noticiables del llamado mundo mundial. Y con un evidente sentido práctico, los fallos se los callan, pero si por la ley de las probabilidades resulta que aciertan algún suceso, se encargan de pregonarlo y ofrecer las pruebas de su acierto, sin hacer la menor alusión a los fallos, que suelen ser mucho más numerosos que los aciertos.

Pero a pesar de que no crea en los vaticinios, no por ello dejo de echar de menos sus predicciones, que eran un bonito aperitivo del nuevo año, sobre todo cuando vaticinaban hechos alegres y felices, como bodas o bautizos. Su sección es de las que tienen éxito, como lo tienen también los horóscopos, una columna que leen los que creen en ellos y los que no creemos en ellos. Lo cortés no quita lo valiente. Sin embargo, veo en los horóscopos un mérito añadido que no poseen los vaticinios anuales: El del trabajo constante. Porque mientras los pronosticadores de cada año se limitan a una serie de vaticinios, los horoscopistas tienen que hacer 365 (uno más los años bisiestos) y eso sí que tiene tela.



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