El jesuita y miembro de número de Euskaltzaindia Patxi Altuna Bengoetxea falleció ayer en Loiola, a los 78 años, después de una larga enfermedad que lo fue mermando intelectual y físicamente y que lo había retirado de la vida pública hace un par de años. Altuna, nacido en Azkoitia en 1927, fue un gran estudioso de la lengua vasca. Ingresó en Euskaltzaindia como académico correspondiente en 1965 y en 1980 como miembro de pleno derecho en sustitución de José María Lojendio. Su discurso de ingreso versó sobre Joanes Etxeberri y Koldo Mitxelena se encargó de responderle. Dos años antes, cuando obtuvo su doctorado en la Universidad de Salamanca, fue también Mitxelena quien dirigió su tesis.
Altuna presidió durante muchos años la Comisión de Gramática de la Real Academia de la Lengua Vasca y bajo su dirección se publicaron los primeros tomos de la 'Euskal Gramatika, Lehen urratsak', que en el mundo euskaltzale es conocida por su acrónimo, 'EGLU'.
La trayectoria académica de Altuna, desde que en 1945 ingresó en el noviciado de los jesuitas en Loiola, no conoce descanso. Además de las licenciaturas que cursó, su producción bibliográfica es extensísima y de una gran constancia. Es extraño el año en que no diera un trabajo a la imprenta. Su último título, 'Eusqueraren berri onac', fechado en 2004, es una edición crítica realizada junto a Es- ther Zulaika.
Altuna fue, en opinión de Pello Salaburu, académico y actual presidente de la Comisión de Gramática, «un filólogo al estilo clásico», con una sólida formación en lenguas clásicas, sobre todo en latín. Conocía muy extensa y profundamente los textos de Etxepare, Axular y Larramendi, entre otros. «Era capaz de memorizar frases de estos autores y esa memoria tan privilegiada se transformaba en una ayuda muy importante cuando el euskera aún no disponía de los recursos informáticos con que cuenta en la actualidad y el corpus lingüístico no estaba tan desarrollado. Además, no era nada dogmático», recuerda Salaburu. Altuna contaba también con una gran capacidad de interpretación de esos mismos textos. El presidente de la Academia, Andrés Urrutia, agradece a Altuna el «importante impulso que dio a la lengua unificada».
Rosa Miren Pagola, compañera de Altuna en la Universidad de Deusto y académica correspondiente, destaca de él que fue «un gran euskaltzale y, junto a Koldo Mitxelena», una de las figuras señeras de la Filología vasca: «Ha creado escuela en el estudio de los clásicos en euskera». Pagola, quien durante años impartió la asignatura Textos Vascos al alimón con el viejo profesor, subraya su carácter «minucioso y su facilidad para penetrar en el análisis de los textos; era muy buen analista y perfeccionista capaz de hacer ver a sus alumnos la riqueza del euskera y que sabía, además, transmitir la trascendencia de la vida».
Pagola recuerda sus homilías durante los años sesenta celebraba en San Sebastián: «Atraía a muchos fieles porque era un orador comprometido». Esos sermones, en tiempos de Franco, le procuraron problemas con la Justicia. Salaburu califica de «magnífica» su traducción de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. El funeral se celebra hoy, a las seis de la tarde, en Loiola.