El Correo Digital
Sábado, 21 de enero de 2006
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CULTURA
A PROPÓSITO
Chupando
Lo siento. Pero me resulta inimaginable un Churchill chupando un caramelo mientras hablaba de cuestiones tremendas como 'sangre, sudor y lagrimas'. O con un chupa-chups en la boca siguiendo el discurrir del desembarco de Normandía. Qué poco de habanera y verde oliva tendría la imagen de un Castro con un palito oscilante entre los labios al compás del flujo incesante de inflamadas peroratas. La compañía Chupa-Chups se está chupando los dedos tras haber doblado sus ventas en las dos primeras semanas en que doblaban las campanas para el fumador por la vigencia de la Ley Antitabaco. Chupar es un placer o mejor, un placebo. A la firma ya se le hizo la boca agua cuando se anunció la implantación de un mundo sin humo, de cigarro se entiende, y ha venido incrementando las maquinitas de los populares caramelos empalados en lugares estratégicos con proliferación de viciosos nicotinómanos en pleno mono, cebo perfecto para vender cualquier sustituto que amortigüe los efectos de la ausencia del pitillo.

Pudimos resistir la visión de un Johan Cruyff chupeteando por los estadios de fútbol, territorios sagrados del empinado y ostensible puro liguero y dominguero. Ahí están también los empitonados puros de tarde de toros. Cuesta sin embargo imaginarse chupando un chupa-chups a un torero, qué quieren que les diga. A cada uno lo suyo, así el chupa-chups es algo inherente a Kojak. Pero nunca lo sería a Bogart. A Humphrey Bogart jamás le situaríamos como un Marlowe con un bulto moviente en el carrillo y un palo entre los dientes diciéndole al padre de la chica que encarnaba la Bacall en 'El sueño eterno': «General, tenga cuidado con su hija. Ha intentado sentarse en mis rodillas cuando yo estaba de pie». Parlamento impensable dando lametazos a una bola de dulce cristalino de cierto tamaño pinchada en un palo. Si al menos les sacáramos jugo a tantas jugosas e imprevisibles historias que está generando el no poder fumar. Si se aprovechará esta ocasión de oro para el renacer del cine español, por ejemplo. Acordémonos de Chicago, los años 20, el Padrino...de cuánto deben a la Ley Seca el Séptimo Arte y Hollywood.



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