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Sábado, 21 de enero de 2006
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POLÍTICA
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El obispo Uriarte llama a evitar «nuevos obstáculos» para la paz
El prelado teme que «la tensión social y política de estos días» debilite las esperanzas sobre el final de la violencia
URIARTE ofició ayer la misa mayor en la basílica de Santa María. / EFE
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El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, volvió a referirse ayer al eventual proceso hacia el final de la violencia, en el transcurso de la tradicional misa mayor oficiada con motivo de la fiesta patronal de la capital guipuzcoana en la basílica de Santa María. Uriarte dejó entrever una cierta preocupación por la evolución de los acontecimientos, al advertir de que «la tensión política de estos días puede ensombrecer la alegría y debilitar, en algunos, la esperanza de una paz próxima»; una alusión genérica que remite a la prohibición judicial de la asamblea de Batasuna. La víspera del día señalado, el prelado donostiarra llamó a evitar «nuevos obstáculos» en el camino de la pacificación.

«No podemos permitir que esto suceda», enfatizó Uriarte refiriéndose al peligro de que el proceso pueda encallar. Lo hizo ante una significativa representación institucional, de la que formaban parte el lehendakari Ibarretxe; el diputado general de Guipúzcoa, Joxe Joan González de Txabarri; la presidenta de las Juntas territoriales, Leire Ereño; y el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza.

Tras remarcar que la «esperanza de paz es el aliento del pueblo», instó a no colocar dificultades añadidas y apeló, sin citarlos expresamente, a «los principales actores de los que depende primordialmente» el final de la violencia que ofrezcan «motivos para seguir esperando». Esos mismos protagonistas, agregó, tienen ante sí «la noble tarea» de «convertir la crispación en distensión, la incomunicación en diálogo, la pasión ciega en razón lúcida, los intereses estrechos en actitudes magnánimas, los prejuicios en confianza y el ansia de revancha en voluntad de concordia».

Hace tres semanas, en Año Nuevo, Uriarte dio a conocer un controvertido documento, en el que remarcaba que la aplicación «excesivamente rígida de la ley» constituye «un obstáculo para la paz». Y advertía, al tiempo, de que una nueva decepción en la búsqueda de la paz resultaría «demoledora».



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