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Sábado, 21 de enero de 2006
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VIZCAYA
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Un incendio calcina un bingo y obliga a desalojar a 48 familias en el centro de Barakaldo
El fuego no causó heridos y se originó por un cortocircuito en una televisión del salón de juegos
Los vecinos tuvieron que salir a la calle con lo puesto. / EL CORREO
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Un incendio calcinó ayer un bingo y obligó a desalojar durante más de una hora a 48 familias en el centro de Barakaldo. El fuego se originó a las 15.01 horas tras explotar un televisor en el salón de juegos, situado en los bajos de un edificio que divide las calles Elcano y Francisco Gómez. Según confirmó la Policía local, el suceso tuvo lugar al producirse un cortocircuito en el monitor, que cayó al suelo y extendió las llamas por el resto del establecimiento. El humo provocado por el siniestro también motivó el desalojo de una pequeña comisaría de la Ertzaintza y una joyería cercana.

Como consecuencia del incendio, la mayor parte del bingo quedó seriamente dañado. El mobiliario, unas sillas cubiertas de tela y las paredes acabaron inservibles, si bien la peor parte se la llevó un falso techo, que se vino abajo poco después del suceso. Por fortuna, el local se encontraba cerrado al público en el momento del siniestro. Dentro, sólamente estaba Juan José Vicario, uno de los encargados. «Encendí el centro de control del bingo y me fui a la oficina. Fue entonces cuando escuché una gran explosión y, como no podía apagar el fuego con el extintor, intenté escapar», relató el empleado, que lleva 26 años en el puesto. Sin embargo, Vicario no pudo coger las llaves del establecimiento y, para huir, tuvo que aporrear la puerta de servicio. «Dos viandantes me la abrieron a patadas. Me han salvado la vida», reveló.

Sin daños en el edificio

Una vez declarado el fuego, los Bomberos y la Policía Municipal desalojaron dos portales de viviendas «por motivos de seguridad». Una hora más tarde, las familias afectadas volvieron a sus domicilios. Minutos antes, técnicos municipales habían comprobado que no existía ningún daño en la estructura de los inmuebles, tal y como informaron fuentes del Ayuntamiento. No obstante, la espera de los vecinos estuvo presidida por la preocupación. «A ver si nos vamos a quedar en la calle...», barruntaba una pesimista Mari Carmen Gómez. Muchos residentes no tuvieron otro remedio que salir en bata y pijama. «Estaba echándome la siesta y he cogido lo primero que he podido», alegó el joven Javier Hernández.



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