Otxarkoaga es un barrio bilbaíno que nació de una orden de Franco. Durante una visita a Bilbao, el dictador preguntó por las chabolas que cuajaban la falda del monte Banderas y advirtió de que no quería ver ni una para su próxima visita. «¿Que les hagan casas!» Sus acompañantes debieron de tomar buena nota de la indicación ya que poco después comenzaba el derribo de las chabolas y la construcción de viviendas en Otxarkoaga. En año y medio se construyeron 3.500 viviendas al principio de los años 60, lo que permite hacerse una idea de las calidades urbanísticas que este barrio tenía ya en sus orígenes.
Otxarkoaga cuenta hoy con más de 12.000 habitantes y el parque de viviendas municipales que gestiona Julia Madrazo es el mayor de Bilbao, con 1.150 pisos destinados al alquiler social.
Sin embargo, el grado de rechazo de los adjudicatarios cuando se les notifica que se les ha adjudicado una vivienda en el barrio es francamente alto: tres de cada cuatro agraciados, si es que puede emplearse esta palabra en el caso que nos ocupa, prefieren que pase de ellos ese cáliz. A lo largo del año pasado se han propuesto un total de 126 viviendas con trámites completos y el número de rechazos ha sido de 97. Al parecer sólo aceptan el piso los que vivían en el mismo barrio (se supone que en una casa peor), vivían en ambientes degradados o estaban en situación de exclusión social.
Viviendas Municipales trata de evitar, con buen criterio, que en el barrio se concentren más vecinos en situación de exclusión social, por lo cual, un sistema informático adjudica aquellas viviendas. Lo que pasa es que la mayor parte de los aspirantes considera que hay ya demasiada concentración de excluidos en el barrio, especialmente en alguna de sus calles y aspira a no ser una rara avis entre sus vecinos. El Ayuntamiento tratará de corregirlo con la incorporación de 185 pisos nuevos entre este año y el próximo, al tiempo que promueve la rehabilitación de locales comerciales y la instalación de ascensores. Por ahí se empieza.