 REVUELO. El equipo de Neonatología atiende a los gemelos momentos después de su nacimiento. / REPORTAJE GRÁFICO: FERNANDO GÓMEZ
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Qué es: Una evaluación externa de los hospitales, realizada por la empresa Lasist, que define los centros con un mejor balance de resultados en calidad y gestión de recursos. Cada año se estudia a fondo un área clínica y, en 2005, este análisis ha correspondido a la Obstetricia. Se han comparado 115 hospitales.
El grupo de cabeza: En el apartado de grandes hospitales docentes, con un promedio de 2.800 partos al año, se consideran 'top' el de Basurto, el de Son Dureta (Palma de Mallorca), el de Sabadell-Corporació Sanitària Parc Taulí, la Mutua de Terrassa, la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), la Fundación Alcorcón y el Complejo Hospitalario Materno Insular (Las Palmas). |
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En la lotería de nacer, unos tienen más suerte que otros. Y, según el 'top 20' hospitalario del último año, no es mala cosa que te toque venir al mundo en Basurto. El hospital bilbaíno ha quedado entre los mejores de España en el área clínica de Obstetricia, gracias a sus tasas de cesáreas, episiotomías, epidurales y otras prácticas de nombre griego y latino que la ciencia médica ha ido concibiendo para facilitar el parto. En unos casos, lo bueno es estar por encima de la media y en otros, se considera preferible quedar por debajo, pero lo fundamental es que el resultado final se convierta en «un proceso lleno de risas, de flores y de 'a quién se parece'», tal como resume el equipo del área.
Nuria está todavía en el lado malo de ese recorrido, en plena cuesta arriba: dentro de cinco minutos van a hacerle una cesárea para extraer a Íñigo y Ane, los gemelos. «No estoy muy lúcida -se disculpa desde la camilla, la cara ansiosa pero sonriente-. Me pasan por la cabeza millones de cosas, estoy a trescientos, pero tengo muchas ganas de ver a mis niños. Mejor dos de una vez y ya nos cortamos la coleta». El padre, Jon, recurre a los grandes conceptos para apaciguar los ánimos: «No puedes hacer nada, sólo esperar y confiar. Como soy muy religioso -mira hacia arriba-, estoy procurando que nos eche una mano con el tema». Igual que sucede en este caso, el área de Obstetricia no trabaja sólo con cuerpos, sino también con las ilusiones de parejas que atraviesan el momento más importante de sus vidas, y eso introduce en la tarea un montón de factores imposibles de medir. Pero, por lo demás, el programa 'top 20' valora «lo mismo que mira la sociedad», en palabras del jefe del área de Partos, Txanton Martínez-Astorquiza.
Sin dolor
Por ejemplo, las cesáreas, ahora que en algunos lugares del mundo hipercivilizado casi ha desaparecido el parto vaginal. «Aquí vigilamos mucho esta tasa y nos hemos planteado como adecuado el 15%. Otros hospitales tienen el 25% y nosotros nos mantenemos en el 13 o el 14%», explica el doctor. En las episiotomías -incisiones para ampliar el orificio vaginal- también se prefiere la moderación: «Estamos en el 45% y hemos reducido la tasa este año». Y, finalmente, está la anestesia epidural, que Basurto aplica al 98,8% de las pacientes que la desean. «Somos el hospital del mundo que más epidurales pone en la fase activa del parto. Ahí nos salimos», se felicita Martínez-Astorquiza. Además, la clasificación tiene en cuenta la duración de la estancia, el número de ingresos innecesarios y el índice de complicaciones.
Porque, a estas alturas de la historia, la sociedad ya no admite problemas durante el parto. «Estamos sometidos a mucha presión, tenemos casi la obligación de que madre e hijo salgan bien, y las complicaciones tienen repercusiones legales. Rozamos la perfección, pero nos exigen que seamos perfectos», expone el especialista.
El 94% de los recién nacidos no plantea ningún problema y pasa a compartir habitación con su madre en la planta baja del pabellón Iturrizar. Allí están las primerizas Nahiara y Argiñe con sus bebés, Julene y Asier, de uno y dos días. Como se demuestra cada vez que se produce un parto en las familias reales, es muy difícil superar el tópico en la entrevista a una madre reciente: ¿qué tal ha ido? ¿Cuánto ha pesado? ¿Qué tal se porta? Y sí, ¿a quién se parece? Lo que más llama la atención a Nahiara y a Argiñe es haber parido sin ese dolor que anunciaba la maldición bíblica: «Ha sido un paseo, no he tenido dolores en ningún momento. ¿Lo malo viene ahora!», dice Argiñe, que todavía contempla a su hijo con cierto asombro, sin costumbre.
Baño de luz
El otro 6% de los niños ingresa en Neonatología. Antes, había que meterlos en una incubadora con 2,4 kilos, pero ahora se quedan junto a su madre aunque pesen sólo 1,9. El recién nacido más pequeño que ha salido adelante en el hospital de Basurto superaba por poco el medio kilo, era un ser diminuto que hace unos años habría estado condenado a morir. «La gente tiene la idea de que los metes en la incubadora y ya está, como si incubases un huevo, pero les sometemos a un cuidado intensivo igual que el de las personas adultas, con las complicaciones que impone el tamaño», puntualiza el neonatólogo Alberto Pérez. Los bebés parecen estar muy a gusto en sus cubículos, una cálida transición -32 ó 34 grados- entre el útero y el inhóspito mundo exterior. Uno de ellos, con ictericia, se expone a la luz de unos focos con anteojeras protectoras, como en un plácido baño de sol.
Curiosamente, tanto Pérez como Martínez-Astorquiza nacieron en casa. «Mi padre era ingeniero y sabía de todo», bromea el segundo, que sintió una temprana vocación ginecológica: «Dicen que, desde pequeño, quería ser un médico que sacara niños, pero yo no me acuerdo de eso. La verdad es que resulta muy gratificante: atiendes a personas que normalmente no están enfermas y tienes un premio, un niño, que es lo mejor que te puede pasar». La matrona Rosa Masach añade otro factor de ilusión: «Si es especial que un niño nazca sano, aún lo es más que salga adelante cuando hay problemas».
De pronto, la paz amniótica de Neonatología se altera con la aparición de dos niñitos, minúsculos en medio del revuelo de batas y manos. Son Íñigo y Ane, los gemelos, que han pesado 1,308 y 1,360 kilos y afrontan ahora la tarea de vivir. En la cara de Nuria, la madre, una amplia sonrisa ha ganado la partida a la tensión: «Ahora, a disfrutar», dice, con el alivio de quien se ha quitado dos pesos de encima.