Al menos cien aficionados faltaron al encuentro con la historia celebrado el viernes en el Plateruena de Durango, donde actuó Paul Collins, leyenda del power pop californiano residente en Madrid y que debe de vivir de las rentas producidas hace más de un cuarto de siglo por éxitos exultantes y fulgurantes como 'Rock N Roll Girl'.
Tras el teloneaje de los bilbaínos The Extended Plays, fieles alquimistas del beat, el garaje y la lisergia de los 60 (versiones de Remains y Electric Prunes), Paul Collins y su banda española (al bajo, el de Burning, al hacha solista, el escudero Octavio, de los Protones) dieron un bolo en el que el rock and roll de ley abrazó al espíritu adolescente pulverizando las distintas etiquetas, desde la de power pop hasta las de soul, country y blues, qué pasa.
Clasicista y sincero, en dosis breves y variadas, cuidando las melodías y sajando con las guitarras, el ronco Paul Collins se sintió a gusto, chequeó la legalidad de una colilla que le pasaron («¿esto no es tabaco!», juzgó) y repasó su propia historia. No olvidó sus pinitos en The Nerves, recreando un flaco 'Hanging On The Telephone', clásico popularizado por Blondie que Collins dató en 1974 en San Francisco. Tampoco obvió su cima popular particular liderando a The Beat (no confundir con los británicos del ska), colocando el listón en el segundo bis (sí: genial 'Rock N Roll Girl') y sin relegar el segundo LP (mod 'Kids Are The Same', espectral 'On The Highway'). Y, claro, divulgó 'Flying High', su nuevo CD en solitario, con redondeces tipo 'Helen' o 'Rock N Roll Shoes', que le renuevan.