Estoy triste porque acabo de leer que el 85,5% de los visitantes del Canal Athletic de El Correo Digital piensa que Javier Clemente no se merece ningún castigo por sus comentarios racistas después del partido contra el Barcelona. Cuando llegué a Bilbao, en 1990, me acuerdo de que vino a visitarme un amigo negro de Inglaterra, y de que la reacción de la gente de la calle, más que racista, era de estupor, como si hubiesen visto un elefante andando por el Casco Viejo. Después de más de quince años afincado en este país tan precioso pensaba que se había progresado mucho en cuanto a la normalización de la convivencia, pero me doy cuenta de que no es así. La gente ha preferido evitar el tema concentrándose en el escupitajo de Eto'o, también reprochable y sancionable a mi juicio, pero un tema totalmente aparte. Si la gente no entiende que los comentarios discriminatorios de Clemente (ni los que hizo hace unas temporadas cuando era seleccionador nacional y dijo que le daba igual quiénes jugaran en una selección oriental porque todos se parecían, ni los de Aragonés del año pasado cuando llamó «negro de mierda» a Thierry Henry) no tienen cabida en una sociedad moderna, pues apaga y vámonos.