Descascarillar a martillazos un urinario sale más caro que orinar en él. A sus 77 años, el agitador artístico Pierre Pinoncelli ha comprobado la veracidad de la perogrullada. Hace trece años tuvo que pagar el equivalente en francos de 45.000 euros por hacer aguas en 'La Fontaine' de Marcel Duchamp (1917) cuando el mingitorio elevado a la categoría de obra de arte fue expuesto en Nimes. Ahora tendrá que retratarse de 214.350 euros por estropear el sacrosanto retrete a comienzos de año en pleno Centro Pompidou de París.
La sanción económica le fue impuesta ayer por el Tribunal Correccional de la capital francesa, acompañada de una reprimenda. «El día en que comprenda que lo que es de otro no es suyo las cosas irán mejor entre usted y la sociedad», le dijo el presidente de la corte. La condena incluye una pena de tres meses de cárcel, con dispensa de cumplimiento, por «degradación de bien ajeno».
El Centro Pompidou, propietario de la obra, reclamaba más de 427.000 euros, el 15% de su tasación. Se tendrá que contentar con 200.000 euros de indemnización en concepto de perjuicio material más 14.350 euros por los gastos de reparar las grietas en la cerámica. El condenado tiene un plazo de dos años para pagar, plazo en el que la Justicia le tendrá puesto a prueba.
Escuela de Niza
Pinoncelli, que compareció con un parche en el ojo reivindicativo de su pertenencia a la Escuela de Niza, recusó la acusación de vandalismo y alegó que con su «acto artístico» había pretendido hacer «un guiño al dadaísmo», movimiento iconoclasta al que estaba consagrada la muestra en la que el 4 de enero irrumpió con un martillo escondido en el bolsillo. «Duchamp se habría desternillado. Yo le dije en 1967 que haría algo y me dio su bendición», explicó antes de anunciar que recurrirá la sentencia.
En un texto difundido en Internet por su comité de apoyo, el neo-dadaísta septuagenario arremete contra los «caciques» del Pompidou por haber convertido a Duchamp en un «vejestorio embalsamado, el Tutankhamon del arte conceptual» y transformado su urinario en «el Santo Grial del arte moderno, objeto sagrado ofrecido a la adoración muda de los iniciados extasiados». Y sin problemas de próstata.