Ha logrado 22 goles, pero como el propio Aitor Aldeondo apunta «podría llevar varios más». Vino al Logroñés después de dejar su esencia goleadora en otro histórico en apuros, el Oviedo, al que ayudó a conseguir el ascenso a Segunda B. Ahora, mediada esta campaña y con los números en la mano, la apuesta que hizo el club blanquirrojo para hacerse con sus servicios va por buen camino. Desde el inicio, Juan Carlos Herrero lo convirtió en la referencia ofensiva del equipo y él ha respondido como sabe, es decir, con goles.
Con la humildad por bandera, el jugador de Andosilla, que hoy cumple 31 años, confiesa que «este equipo tiene mucha calidad y hay jugadores que te dan goles para empujar». Por si fuera poco acumula una racha que es espectacular puesto que desde que el Logroñés descansó en la jornada diez, Aldeondo lleva anotando en ocho encuentros de manera consecutiva. En este período ha logrado 14 tantos, una cifra que asusta a los rivales.
Pero el atacante navarro es consciente de que «si al final no logramos el objetivo marcado desde el principio de temporada, subir a Segunda B, estas cifras no servirán de nada. Puede que me vaya bien a nivel individual, pero lo importante es el colectivo».
Lo constata porque ya le ha ocurrido en su carrera deportiva: «En la primera temporada en el Oviedo estuvimos invictos mucho tiempo y al final, pese a perder sólo tres partidos, no se ascendió de categoría. No nos sirvió de nada tener buenos números».
Otras experiencias
Aprovechando su experiencia en otras 'terceras' Aldeondo comenta que los tres o cuatro equipos fuertes de cada grupo son muy similares, el problema surgen con el resto de conjuntos: «Es cierto que, por ejemplo, en Asturias y en el País Vasco, es más difícil conseguir goleadas porque hay mucha igualdad entre los equipos, incluso los que están abajo. Son más duros y más contundentes, lo que te complica más».
Para alcanzar esta cifra, Aldeondo da un gran valor a la competencia que existe en la plantilla del Logroñés: «Lo sé porque otras veces me ha pasado al revés, he estado en el banquillo y he trabajado para que los titulares no se relajen. Si los que no juegan no apretaran, los que salen siempre estarían más cómodos y no se esforzarían tanto».
Asimismo considera que los delanteros, además de cumplir con su obligación de meter el balón en la portería contraria, deben trabajar otras facetas. «Si nosotros no presionamos a los centrales y les dejamos sacar el balón, el equipo contrario jugaría sin oposición y puede que de encajar algún gol seríamos los culpables». Y es que «la defensa de un equipo empieza por los atacantes».