Iban Zubiaurre rompe su silencio. Siete meses después de ser presentado como jugador del Athletic, con quien ni siquiera ha podido entrenar, el lateral de Mendaro concedió ayer a EL CORREO en exclusiva la primera entrevista en la que expone sus sentimientos y analiza la dura batalla jurídica en la que se ve inmerso. Ésta se resolverá en un tribunal donostiarra, en el juicio de cantidades del próximo 22 de febrero, en el que se marcará si debe pagar algún dinero a la Real Sociedad por desvincularse de ella.
Aunque su semblante taciturno permite deducir los padecimientos sufridos, no quiere presentarse como un joven abatido pese a que vive un problema cuya solución se aplaza una y otra vez. Lo peor de todo, mantuvo en la conversación mantenida en Bilbao en el despacho de su nuevo abogado, es que se ha convertido en espectador de un proceso en el que, lamenta, no tiene ninguna capacidad de decidir. «A mi edad es muy duro estar un año en blanco», dice antes de recordar que, aunque entrena en Durango, le falta lo esencial para sentirse jugador, disputar partidos.
-¿Cómo se siente?
-Es una situación muy difícil la que vivo. He tenido momentos muy malos y tremendos bajones de ánimo, pero con el apoyo de la familia y de mis compañeros tiro poco a poco hacia adelante.
-Le imagino harto de esta polémica, deseando que acabe esta pesadilla.
-Sí. Nadie pensaba que esto iba a llegar hasta este punto, pero se ha ido alargando... Lo único que quiero es que se termine cuanto antes para poder jugar.
-¿Ha llegado a pensar, en esos malos momentos a los que alude, que podía tirar su carrera por la borda?
-No, soy un chaval joven, con 23 años recién cumplidos. Me lo tomo como una lesión larga, como si me obligara a estar inactivo durante un año. Lo que intento es mantenerme en el mejor momento de forma posible y, a poder ser, jugar cuanto antes. He pasado momentos muy malos.
-¿Cuáles han sido los peores?
-Cuando te llaman los compañeros. Piensas que ellos van a jugar el domingo y tú no, y se te viene el mundo encima. En esos momentos me agarro a las ganas de jugar que tengo y a pensar que aquí no se acaba el mundo. Me lo tengo que tomar así, porque si no me hundiría más.
-Aquí el daño no es físico, es psicológico.
-Sí, pero de esto también quiero sacar algo positivo. Sé que me va a servir para ser psicológicamente más fuerte.
-¿Cuál ha sido el peor día?
-El peor fue el día del juicio. Nunca me había imaginado verme en una así y estuve muy nervioso. Tenía la esperanza de que todo se resolviera allí y cuando salió la sentencia en mi contra fue un mazazo terrible. Sabía que si el recurso (al Tribunal Superior de Justicia del País Vasco) no era favorable, como pasó, debía enfrentarme a otro juicio de cantidades.
«A buen puerto»
-¿Ha derramado muchas lágrimas?
-He llorado en varias ocasiones. Ver a tu familia, sobre todo a mi madre, pasándolo tan mal es muy duro.
-¿Va a jugar esta temporada?
-Tengo esperanzas de que todo llegue a buen puerto y poder jugar este año.
-Si no es así, a partir del 7 de julio, en todo caso, ¿quedará libre y podrá jugar en el Athletic?
-Sí, eso está claro. Me ha pasado lo peor que me podía pasar. El proceso se ha alargado y en sus distintas fases le han ido dando la razón a la Real. Que pase tanto tiempo para mí ha sido lo peor. Estar un año en blanco a mi edad es muy duro.
-Deportivamente, ¿cómo le va a afectar este parón tan prolongado?
-Creo que no me afectará. A lo sumo positivamente, porque mi lado anímico se va a reforzar.
-Si hoy se llega a un acuerdo con la Real y puede comenzar a entrenar mañana con el Athletic, ¿en cuánto tiempo estaría para jugar?
-Es difícil poner una fecha. Si se soluciona mañana, tengo claro que en una semana no estaría para jugar. Tendría que hacer antes una minipretemporada.
-Cuando analiza lo sucedido, ¿qué sensación le queda, que ha sido demasiado ingenuo o que se ha equivocado?
-Mi actuación con la Real Sociedad siempre ha estado guiada por la buena fe. He querido evitar en todo momento el juicio haciendo dejación de mis derechos y concediendo cosas al club a las que no estaba obligado. En ese sentido estoy tranquilo, aunque las cosas no hayan salido bien.
-¿De quién es la culpa de todo lo que le sucede?
-Es muy difícil decir de quién es la culpa. Las cosas han salido como han salido. No soy quién para decir quién es el culpable de la situación, pero creo que todo llegará a buen puerto y se solucionará.
-¿No tiene, entonces, conciencia de ser culpable de algo?
-De nada. No me considero culpable para nada. Sólo de querer jugar en el Athletic. Por el mero hecho de querer jugar en el Athletic, no me considero culpable. Mi salida de la Real fue pactada y por eso no me considero culpable de nada.
-¿Cómo valora que pidan 30 millones de euros más IVA por su carta de libertad?
-Es una cuantía que no está regida por la buena fe. Yo tuve buena fe con ellos e hice dejación de derechos cuando ofrecí unas cosas a las que no estaba obligado. Quería solucionarlo porque quería quitarme el problema de encima. La otra parte se aprovecha de esta circunstancia. Si pide esa cantidad por mí es evidente que no quiere negociar.
-Ofrece millón y medio de euros. ¿Tiene alguna previsión de en cuánto se puede cuantificar su libertad?
-Ni idea, porque está claro que ellos no quieren un trato.
-¿Le ha podido la codicia?
-Para nada. Insisto, mi salida de la Real fue pactada. Por eso ofrecí una cantidad (medio millón de euros) por mi carta de libertad para que ellos también se sintieran beneficiados. En ese sentido estoy tranquilo.
-Presentarse el 1 de julio en Ibaigane, ¿fue un error?
-¿Un error? No creo que haya sido un error. Creímos oportuno realizar el acto, y así lo hicimos.
-¿De quién partió la idea de realizar aquel acto?
-Parte de los actos de la Real Sociedad. Sus actos y las declaraciones que efectuaron los dirigentes de la Real Sociedad llevaron a que pudiera entenderse que podía presentarme perfectamente en Ibaigane.
Objetivo frustrado
-¿Cuándo se da cuenta de que se iba a frustrar su ilusión por incorporarse al Athletic?
-Al poco de la presentación, desde el momento en el que empieza el lío de si tengo contrato en vigor o no con la Real Sociedad. En ese momento comencé a ver que se podía frustrar mi objetivo de jugar en el Athletic. Desde el momento en el que la Real Sociedad cambia de opinión. Me había dado la palabra Roberto Olabe (entonces director deportivo de la Real Sociedad) de que me iban a permitir marchar.
-¿Ese compromiso es con usted?
-No, porque yo nunca entré en las negociaciones con Olabe. Fue mi agente, Ángel Caballero, el que negoció con él. Es él quien me comunica el trato con Olabe.
-¿Ha reprochado a Olabe no cumplir la palabra dada?
-En ningún momento. No he vuelto a hablar con él.
-Y con Miguel Fuentes, nuevo presidente de la Real, ¿ha hablado?
-Sí. Me presenté con mi agente en las oficinas de la Real para conocer su opinión. Me dijo que era un problema que se había encontrado y que su misión era defender los intereses de la Real. Por ese lado, lo veo lógico. Nunca he discutido una peseta a la Real, que quede claro. Cuando nos sentamos a negociar, ellos me ofrecían un año fijo, más otro opcional. Yo contesté que quería dos fijos más uno opcional, porque quería protegerme.
-Si en lugar de presentarse con el Athletic lo hace, pongamos, con el Málaga, ¿estaría en esta situación?
-Es una situación que no se ha dado y por tanto no puedo valorarla.
-¿Se siente abandonado por el Athletic?
-No. El Athletic se está portando. Tengo trato directo con Txema Noriega (director de Lezama). Mantengo una relación fluida con él y me ha ayudado a la hora de concretar la forma de entrenarme y de contactar con el preparador físico. Aunque no hay más vínculo de que quiero jugar en el Athletic, me ayudan.
-¿No tiene, entonces, nada firmado con el Athletic?
-No, nada.
-¿Con Fernando Lamikiz habla?
-Me ha llamado alguna vez a ver cómo me encuentro, pero con quien más hablo es con Noriega, que es mi interlocutor válido en el club.
-¿Cuál es la solución soñada por usted?
-Un acuerdo, pero la Real Sociedad quiere un juicio. Por eso me he visto obligado a contratar como abogado a Guillermo Alonso-Olarra, un prestigioso abogado civilista de Bilbao experto en contratos y derecho civil. La Real quiere un juicio. ¿Por qué? No lo sé. Eso me obliga a contratar a un civilista. El anterior abogado era un laboralista y lo hizo bien. Aunque el juicio de cantidades sea en un juzgado de lo social, el asunto es meramente económico y pecuniario. Voy a ese juicio porque la Real quiere un juicio, no un arreglo.
-¿Entonces hay que descartar un acuerdo antes del día 22, fecha de la vista?
-Tal y como están las cosas, lo veo imposible.