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JOSEP PIQUÉ |
Fecha de nacimiento: 21 de febrero de 1955 en Vilanova i la Geltru.
Antes de la política: fue profesor en la Universidad de Barcelona, director general de Industria de la Generalitat y llegó a presidir Ercros.
En los Gobiernos de Aznar: ministro de Industria y Energía (1996), portavoz (98), ministro de Asuntos Exteriores (2000) y de Ciencia y Tecnología (2002). |
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«Si alguien piensa que voy a abandonar el PP es que no me conoce. En los momentos difíciles, y creo que lo he demostrado a lo largo de mi vida, lo que me gusta es luchar». Así se expresaba Josep Piqué (Vilanova i la Geltru, 1955) en una entrevista el verano pasado, dando muestras del carácter aguerrido e impasible en las situaciones adversas que le atribuyen quienes le conocen.
Se refería el presidente de los populares catalanes y ex ministro en los gobiernos de José María Aznar al sonado incidente que, como ha sucedido ahora, le colocó en el ojo del huracán por su inevitable choque con los pesos pesados del partido y representantes de la línea más ortodoxa del PP: Ángel Acebes y Eduardo Zaplana. Si el haber cuestionado en público el protagonismo del 'número dos' de su formación y del portavoz parlamentario se saldó entonces con una también pública reprimenda de Mariano Rajoy desde Singapur y una más o menos amortiguada tormenta interna, su predisposición a explorar un posible acuerdo sobre el Estatuto catalán reabre las viejas heridas y el eterno debate sobre la oscilación entre el centro y la derecha del barco capitaneado por Rajoy.
Josep Piqué i Camps mamó la política desde su más temprana edad -su padre era alcalde en Vilanova, su localidad natal- y, pronto, en plena Transición y durante su etapa de brillante estudiante universitario -se doctoró en Economía y fue Premio Extraordinario de Derecho- se afilió al PSUC. Su pasado comunista no le impidió ir asentándose poco a poco entre el poder nacionalista catalán. En 1996, pasó de ser un ex profesor universitario de Teoría Económica y consejero ejecutivo en distintas empresas privadas conocido apenas por un puñado de expertos económicos y empresarios catalanes a la primerísima línea de la política de la mano de José María Aznar.
Fue el ex presidente del Gobierno quien le 'descubrió' personalmente para su equipo y su principal valedor, desde que, en su época de presidente del prestigioso Círculo de Economía de Barcelona, Piqué le abrió las puertas de sus salones y le brindó su experiencia en los círculos catalanistas en los que había trabajado en su etapa de técnico en la Generalitat y como empresario en el grupo KIO de Javier de la Rosa. De hecho, sus altos cargos en el emporio químico Ercros - que llegó a presidir y que fue investigado por el Supremo por un supuesto delito de alzamiento de bienes- le hicieron pasar uno de los tragos más difíciles de su vida pública, igual que la presunta venta fraudulenta de la petrolera Ertoil. En ambos casos quedó exculpado tras el archivo de los sumarios.
Mientras, su carrera ascendía imparable siempre al lado de Aznar, que logró que, tras su llegada como independiente al ministerio de Industria y Energía, se afiliara al partido. En los Ejecutivos del PP ocupó también la portavocía y las carteras de Exteriores y Ciencia y Tecnología hasta que, en octubre de 2002, fue elegido presidente del PP catalán en sustitución de Alberto Fernández Díaz. Desde entonces, su labor se ha visto inevitablemente condicionada por lo que un dirigente del PP califica de «dilema de la botella llena o medio vacía»: en otras palabras, lo que parece políticamente correcto en «el oasis catalán» puede que no lo sea tanto en el resto de España ni en los despachos de la calle Génova.
Bien valorado en el partido, sus compañeros recuerdan su brillantez -«en las reuniones era una auténtica águila, rápido, listo, ágil», dicen- y, en general, no dudan de su compromiso con los valores troncales del PP y con «la España constitucional». «Cualquiera puede pronunciar una frase desafortunada», disculpan los más benévolos.
Toques de atención
No obstante, con Rajoy ya al frente de la nave, los toques de atención de Piqué sobre cuestiones tan sensibles como la propia estrategia de oposición frontal al Estatut, los papeles de Salamanca o la controvertida posición del PP en torno a los matrimonios homosexuales han acabado por colmar la paciencia de los sectores más duros. El ex presidente del PP catalán Aleix Vidal-Quadras ya se apresuró ayer a afearle en público su «constante discrepancia» con la dirección y en el entorno del antiguo dirigente catalán se compara la responsabilidad que ostenta con destinar «a la tropa menos valerosa a la parte más complicada del frente».
«Piqué simboliza en política al tipo 'groucho marx', que dice 'estos son mis principios, si no le gustan a usted le presento otros'», arremeten los más críticos, temerosos de que el ex ministro amenace el que consideran principal activo del PP: su discurso granítico y sin fisuras.