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Miércoles, 25 de enero de 2006
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SOCIEDAD
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España y Chile aplicarán la genómica a la cría de merluza en cautividad
Los dos países firman esta semana un acuerdo pionero en el mundo para intentar reproducir la variedad austral de la especie a escala comercial
MANJAR. Merluzas, en una pescadería de la plaza de abastos de Vitoria. / JAVIER MINGUEZA
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LOS PRIMEROS PASOS
Chile consiguió criar merluzas en cautividad hace cuatro años. El proyecto, en el que invirtió 2 millones desde 1997, tenía su base en el Laboratorio de Investigación y Desarrollo Tecnológico para el Cultivo de Peces Marinos de la Fundación Chile, ubicado a unos 25 kilómetros de Puerto Mont. Allí se han logrado ejemplares de doce meses de 230 gramos, el peso que una merluza tarda hasta tres años en alcanzar en libertad.
La acuicultura es el futuro de la pesca a gran escala y los países productores buscan nuevas especies para satisfacer las exigencias del mercado. Chile, principal caladero natural de la merluza austral, y España, primer consumidor mundial de la especie, firman esta semana un acuerdo pionero para intentar reproducirla a escala comercial y, lo que es más novedoso aún, aplicando técnicas de investigación genómica.

«Es un proyecto único en el mundo», que se une a otro similar, también pionero, vigente ya con Canadá, para impulsar la cría en cautividad del lenguado y el fletán. En ambos casos, España se alía con países en cuyas aguas se capturan especies de amplia demanda en nuestro mercado y se pone la biotecnología al servicio de la acuicultura, explicó ayer José Luis Jorcano, director general de Genoma España, la fundación estatal auspiciada por los ministerios de Educación y de Sanidad que representa a la parte española.

«Bajo rendimiento»

El proyecto comenzó a gestarse en 2003 y arranca con un presupuesto de 4 millones de euros para tres años, financiados al 50% por Genoma España y su contraparte chilena, la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conacyt). Chile es una potencia mundial en el sector y araña el primer puesto en el 'ranking' mundial de la cría de salmón en cautividad, aunque mucha producción en sus aguas es de capital noruego. Desde hace años, ensaya con otras especies de gran valor añadido en el mercado internacional. Una de ellas es la merluza austral -'Merluccius australis'-, a la que se conoce también como merluza española por la devoción que aquí se le profesa. Podría ser el posible recambio de futuro a unos caladeros naturales -en aguas de Patagonia y Tierra de Fuego- que dan síntomas de agotamiento.

Empresas chilenas han logrado el nacimiento de ejemplares en cautividad; pero, tras unos primeros pasos exitosos, han tropezado con el «bajo rendimiento de los procesos», señaló Jorcano. Los mecanismos de reproducción no están controlados y la tasa de mortalidad de las larvas antes de llegar al estadio juvenil de 70 días es tan alta que lastra todo el proyecto. Es en este punto donde los Gobiernos de España y Chile pretenden aplicar sistemas de investigación y desarrollo «en los que se juega con la dieta, la luz y la temperatura» para obtener el mejor rendimiento de los peces estabulados.

«Está el sistema habitual de 'prueba y error', y otra vía, más novedosa, es la genómica», argumentó Jorcano. Se trata de investigar el desconocido genoma de la especie y su fisiología con aplicaciones como los marcadores genéticos o los microchips para seleccionar los procesos que faciliten su cría, la selección de razas y las líneas más resistentes para su cultivo intensivo en granjas.

El proyecto hispanochileno nace con buenos auspicios y el deseo de ambas partes de obtener resultados positivos a medio plazo. Aun así, el proceso tiene sus incertidumbres porque «la merluza es una especie genéticamente desconocida».



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