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Jueves, 26 de enero de 2006
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CULTURA
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'Al fin, el mar' desafía a la censura castrista y pone rostro a los balseros
Jorge Dyszel rodó en la isla la primera película independiente en la historia del régimen cubano
A MIAMI. La actriz Audry Gutiérrez Alea, hija del desaparecido cineasta Tomás Gutiérrez Alea, en una escena de 'Al fin, el mar'.
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'AL FIN, EL MAR'
Nacionalidad: Argentina/Cuba, 2003.

Director: Jorge Dyszel.

Intérpretes: Joel Núñez, Audry Gutiérrez Alea, Enrique Pinti, Vladimir Cruz.

Página web: www.bartonfilms.com

Fecha de estreno: 27 de enero.
La 'crisis de los balseros' cubanos estalló en el verano de 1994, pero la huida de la isla ha sido una constante en la historia de la Revolución castrista. En 1959, la burguesía no arriesgaba su vida y volaba a Miami en primera clase; después escaparon los 'marielitos', los 'camionautas', los náufragos en neumáticos de tractor El director argentino Jorge Dyszel se pregunta en su 'ópera prima' qué lleva a un cubano a flotar a la deriva para salvar las 90 millas que le separan de Florida. 'Al fin, el mar' pretende «trazar un puente entre ambas orillas, entre la generación de jóvenes hijos de quienes hicieron la Revolución, y los descendientes de los emigrados a EE UU».

La mirada perpleja del protagonista podría ser la nuestra. Un 'broker' de Wall Street, hijo de cubana y estadounidense (Joel Núñez), descubre los restos de una balsa mientras se zambulle en las playas de Miami. Una inscripción entre los restos con su apellido materno provoca que se interrogue por la suerte de sus ocupantes. La búsqueda de sus raíces le llevará a viajar a La Habana, donde se enamorará de la balsera superviviente, que ha tenido que regresar a la isla con la cabeza gacha (Audry Gutiérrez Alea).

'Al fin, el mar' se enorgullece de ser la primera producción independiente rodada en Cuba desde que Castro tomó el poder. Jorge Dyszel escribió el guión junto a su mujer, la actriz Audry Gutiérrez Alea, hija del llorado Tomás Gutiérrez Alea y residente en Argentina desde hace diez años. Ser yerno del director cubano más internacional -el autor de 'Fresa y chocolate'- no le otorgó el plácet del ICAI, el todopoderoso Instituto Oficial de Cine, que concede los permisos de rodaje.

«Cualquier guión que lleve la palabra 'emigración' pasa al departamento ideológico del Comité Central», desvela el director. «Pudimos rodar en las calles de La Habana gracias a un vacío legal, pero la secuencia de la salida de los balseros se filmó en el Río de la Plata: ese mar que cruzan sólo existe en el ordenador». El filme se estrenó sin censura en el Festival de La Habana y recibió tantos aplausos como en el Festival de Cine Latinoamericano de Miami.

Dyszel insiste en que «sólo pinta al pueblo cubano, sin tomar una posición política». Critica tanto la vorágine capitalista de Manhattan, donde el trabajo se come a las relaciones humanas, como el absurdo cotidiano de La Habana, donde el racionamiento y el caos burocrático se sobrellevan con humor. «El enemigo sólo está en nuestra cabeza», se oye en la película, una reflexión que el cineasta argentino prefiere matizar con una definición de autocensura: «La imposibilidad de llevar a cabo los sueños».

«A papá Titón»

Que se lo pregunten al actor protagonista, Joel Núñez, un cubano que fue tentado por Televisa para actuar en culebrones mexicanos. Al volver a su tierra, en 1994, se encontró con una desagradable sorpresa. «Los agentes del Gobierno se agolpaban en la habitación de mi hotel haciéndome preguntas. Agarré el pasaporte y salí corriendo». Regresar a La Habana diez años después tuvo más dificultades que poner cara de sorpresa ante unas calles que conocía a la perfección.

«Las cosas no estaban donde las había dejado», recuerda el actor. «Lloraba todos los días, porque un exiliado siempre piensa que, al menos, puede reencontrarse con su pasado». Núñez vive ahora en Los Ángeles, tiene pendiente de estreno una película en inglés y protagonizará una serie. 'Al fin, el mar', dedicada «a papá Titón» (el apodo de Tomás Gutiérrez Alea), ha sido su tarjeta de presentación durante dos años por el mundo. Gracias a una distribuidora bilbaína, Barton Films, intentará arañar espectadores españoles al 'Múnich' de Spielberg. Jorge Dyszel sólo pone una pega: «Ojalá Titón pudiera haberla visto».



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