El Baskonia se ha obcecado con el liderato del Grupo A. Aspira a tatuarse el número uno en la primera fase. Anoche metió otra carga de tinta en la aguja, porque muy mal tendría que hacerlo en los dos capítulos que restan para abandonar su privilegiada posición. Ya maneja nueve triunfos y sólo tres derrotas. Además, como sus próximos contrincantes carecen de alto rango -en teoría-, la empresa ofrece un aspecto favorable.
La verdad es que se agradeció el resultado cosechado frente al Benetton. Ante todo, por su significado matemático. Con el 91-73, el Baskonia pareció avisar a los otros aspirantes a su puesto. Algo así como que ya no se moverá de lo más alto de la colina. Firme. Un premio menor, pero que en teoría allanará el camino en el 'Top 16'. Y, como sentenció en la víspera Velimir Perasovic, un golpe de moral para un bloque con pedigrí que sin embargo se mueve más que una veleta.
No en vano, pese a la alegría de anoche, el Baskonia insistió en los interrogantes abiertos en el BEC. Los componentes de esta plantilla -quizá la mejor de su historia por nombre y currículo- se mueven a ritmos diferentes. Da la sensación de que el teórico quinteto titular (Prigioni, Erdogan, un recuperado Jacobsen, Scola y Splitter) ha colocado la palanca de cambios en la velocidad de crucero. David y Vidal se mueven con una marcha menos, mientras que Ukic y Drobnjak continúan con el motor gripado.
Recuperarles para la causa azulgrana se antoja una necesidad imprescindible. Ya que a la vuelta de la esquina aguardan las representaciones de verdad.
Vigilancia a Prigioni
El Benetton se presentó en el Buesa Arena con la vitola de aspirante a todo en este Grupo A de la Euroliga. De salida, centró sus esfuerzos en inutilizar al cerebro azulgrana, Prigioni. Así, alternó los 'carceleros' (Soragna, Mordente o Nicholas) con el sombrío objetivo de asfixiarle. Aunque, a diferencia de sucedido en Treviso, el de Río Tercero soportó el martirio con rictus flemático y baloncesto altruista. Perseverante, enseguida afinó su visor. Y con él, todo el TAU. Pensando en plural, defendiendo codo con codo, la formación azulgrana lanzó la primera carga (27-17, minuto 10). Aplausos. Sensación reconfortante.
Pero llegaron los lógicos cambios de fichas. Y, de nuevo, el mecanismo se encasquilló. El remozado rival, que este año ha perdido peso y estilo, aprovechó la fiebre vitoriana. Primero avisón con un 0-7 nada más instaurarse el segundo periodo.
Más tarde, incluso rompió la distancia de seguridad. Echándole más agresividad y con una visión gremial acarició la nuca azulgrana (34-32, minuto 17). En aquellos instantes, el TAU pecó de frialdad. Fojo atrás, convirtió cada ataque en un drama. Y, de paso, congeló al graderío. Un triple de Jacobsen -¿qué cambio respecto a Bilbao!- y otro acierto de Erdogan detuvieron la hemorragia justo antes del descanso.
Escapada definitiva
En el tercer acto, 'Peras' confió de nuevo en sus soldados más despiertos. Y éstos no le defraudaron. Con una facilidad inusitada volvieron a escaparse. Contundentes. A pesar de todo, un 4-17 de los verdiblancos cortó la euforia (58-53). En realidad, sólo les sirvió para ganar tiempo, para demorar la sentencia.
Un tiempo muerto del preparador croata generó la adecuada subida de la intensidad defensiva, el reencuentro con el ritmo vivo y las soluciones colectivas adelante. Ese equilibrio agrandó la distancia entre alaveses e italianos ya de forma definitiva.
Firmó entonces el Benetton lo que se venía venir; un armisticio sin condiciones. Y el Baskonia, con el viento de cara y seguro de la victoria, se dedicó a sacudirse telarañas y a recargar su depósito de ánimo. Colectivo y, según los casos, individual.