Obligados a buscar consuelo en estos tiempos inquietantes, a los aficionados del Athletic siempre nos queda el refugio de la memoria. Y para ayudar a activarla y disfrutar un poco de la dulce nostalgia de los tiempos mejores nada mejor que un buen libro sobre un gran personaje. Por ejemplo, 'El caballero de la furia', la biografía sobre Belauste que Alberto Bacigalupe nos ha dejado como testamento periodístico.
La biografía del león de Amberes, del hercúleo mediocentro rojiblanco -medía 1,93, pesaba 95 kilos y gastaba una botas de siete leguas que pueden admirarse en el museo del Athletic-, no sólo es un relato ameno y bien documentado. Es, sobre todo, un sentido reconocimiento público, el tributo debido, por pura justicia histórica, a un hombre bueno y honesto al que la historia sitúa como uno de los cinco mitos fundamentales del club bilbaíno junto a su íntimo amigo Pichichi, Zarra, Gaínza e Iribar.
Seis veces campeón de Copa e integrante de la plantilla rojiblanca durante dos décadas -ingresó en 1905, a los 16 años-, José María Belausteguigoitia Landaluce perteneció a una familia burguesa de doce hermanos. Cinco de ellos llegaron a jugar en el Athletic, aunque los dos más renombrados como 'sportmen' fueron el propio José María y Ramón, que jugó de extremo izquierda entre 1910 y 1922 y fue un personaje de novela.
El libro de Bacigalupe contiene anécdotas divertidas de aquellos tiempos precursores y de la vida de un futbolista imponente, famoso por su pañuelo de cuatro nudos -rudimentaria protección contra su incipiente alopecia- que tuvo el honor de vestir la primera camiseta rojiblanca el 9 de enero de 1910 y de jugar el primer partido en San Mamés tres años después. Una de las mejores anécdotas tiene que ver con el descontento de los futbolistas del Athletic por las malas condiciones de su alojamiento en Madrid, el modesto hotel Cervantes. Hartos de sus incomodidades, enviaron al club un telegrama con mucha rechifla. Decía así: «Cuerpos elegantes no están para Cervantes. Queremos Inglés (el hotel), porque trata bien al burgués».
Otro momento inolvidable fue el que se vivió durante el derbi contra la Real que se disputó el 18 de febrero de 1918, un partido que acabó como el rosario de la aurora después de que Belauste dejara conmocionado en un choque al capitán txuriurdin, Mariano Arrate, otro coloso como él. Lorea, una de las tres hijas del futbolista rojiblanco, recuerda en el libro cómo su padre le contó, divertido, el momento en que la madre de Arrate, una pescadora de armas tomar, entró al campo y comenzó a atizarle con su alpargata.
'El caballero de la furia' se detiene, como es obligado, en la historia de la Olimpiada de Amberes. Lo hace, entre otras cosas, para desentrañar una vieja polémica: la de si el famoso grito 'A mí Sabino el pelotón que los arrollo' -hito fundacional de la famosa furia española- se produjo realmente o fue una invención. De lo que no cabe ninguna duda es de que el grito de guerra de aquella selección que obtuvo la medalla de plata y de la que Belauste fue su primer capitán, fue el que los jugadores elaboraron uniendo los dos apellidos vascos más kilométricos del equipo: Belausteguigoitia y Pagazaurtundua, el delantero del Arenas. Otros tiempos, sin duda.
Nacionalista convencido, euskaldunberri en un tiempo sin ellos, militante del PNV y luego de ANV, la política marcó la vida de Belauste, que tuvo que exiliarse por primera vez en 1922 y volvió a hacerlo, ya definitivamente, a finales de 1936, cuando salió de incógnito desde el puerto de Plencia rumbo a Francia. Vivió en México hasta su muerte el 6 de septiembre de 1964, a los 75 años. A Alberto Bacigalupe le debemos, ya para siempre, el placer de este recuerdo.