La Comisión Europea dio ayer su visto bueno a un conjunto de documentos que constituyen la primera aportación comunitaria a la Estrategia de Lisboa para el crecimiento económico y el empleo, tal y como ésta quedó definida hace ahora poco menos de un año en la cumbre de primavera de la UE.
De hecho, el cuerpo documental sancionado por Bruselas, y del que constituyen parte sobresaliente los primeros programas nacionales de reforma que han elaborado los estados miembros a la luz de la indicaciones del Consejo Europeo, será analizado por los jefes de Estado o de Gobierno de la Unión cuando se reúnan el próximo mes de marzo en la capital comunitaria.
España acude a este ejercicio de modernización económica con un plan de reformas que el comisario Joaquín Almunia calificaba ayer de «por encima de la media», en el que se consagra para 2010 el objetivo -nada lejano, pues el país se encuentra ya en el 98% del Producto Interior Bruto de la UE-25- de alcanzar la renta media comunitaria, junto con una tasa de actividad laboral del 66%.
Es de hacer notar que en la agenda de Lisboa original, la que los entonces 15 socios pactaron en la capital lusa en marzo de 2000, pretendía situar la tasa de actividad de los países miembros en el 70% a más tardar en 2010, y la específica de las mujeres en el 60%, con el objetivo del pleno empleo como corolario de todos estos esfuerzos, que apuntaban una mutación de los hábitos productivos europeos hacia la 'Nueva Economía'.
Aquellas ambiciones se quedaron largas y los 25 las podaron el año pasado. De ello resultaron objetivos más modestos, que el Consejo Europeo verificará dentro de un par de meses.
Actuaciones de España
Por lo que a España respecta, los dos objetivos estratégicos anteriormente mencionados serán alcanzados a través de actuaciones específicas sobre siete áreas: estabilidad presupuestaria, refuerzo de la investigación y el desarrollo (I+D) hasta alcanzar un gasto del 2% del PIB en 2010, un mejor clima para la actividad empresarial, aumento de la competitividad, desarrollo de infraestructuras, un más adecuado funcionamiento de los mercados laborales, y la mejora de la educación y del capital humano.
La Comisión estima plausible la estrategia española, pero advierte de que va a ser necesario realizar esfuerzos decididos en mejorar la competencia de ciertos sectores, especialmente el de la energía, potenciando la interconexión con las redes de gas y electricidad de los países vecinos.
Igualmente, la excesiva segmentación de los mercados laborales, con un tercio de trabajadores temporales, la aún escasa presencia de la mujer y las dificultades que los jóvenes experimentan para encontrar empleo requerirán acciones decididas por parte de las autoridades nacionales y locales.
Con su nueva Estrategia de Lisboa, la UE no va a reducir su diferencial de renta bruta por persona con Estados Unidos, que se encuentra un 30% por debajo, y tendrá difícil no ver acrecentarse la fosa de productividad que, debido al deficiente uso de las nuevas tecnologías, separa al continente europeo de los estándares vigentes al otro lado del Atlántico.