El partido del presidente Mahmud Abbas (Abú Mazen) obtuvo ayer la victoria en las elecciones legislativas palestinas, según los resultados que anoche proyectaban las encuestas a pie de urna. Sin embargo, esos resultados revelaban que la victoria de Fatah -42% de los votos- podría ser insuficiente para gobernar en solitario. Hamás, con el 34%, se convertiría en la segunda fuerza en el Parlamento. Si se confirman las proyecciones, la entrada del grupo radical en el Gobierno dependerá de las negociaciones a varias bandas.
El sondeo más exhaustivo, elaborado por la Universidad de Naplusa entre 6.500 votantes y con un margen de error de cinco puntos, indicaba que Fatah habría superado en ocho puntos a Hamás, aunque otras encuestas apuntaban a que la diferencia podría ser menor. Un 25% de los apoyos estarían repartidos entre el resto de formaciones minoritarias.
No obstante, se debe tener en cuenta que una parte de los votantes de Fatah no han respaldo a las listas oficiales de este partido, sino a candidatos que se presentaban como independientes y sin el apoyo explícito del grupo. Esto significa que el voto de Fatah se ha desperdigado y esta circunstancia puede representarle pérdidas importantes. La cuestión se complica aún más si se tiene en cuenta que los palestinos tenían que votar a dos listas, una de ámbito nacional para elegir a 66 diputados y otra local para designar a otros 66 parlamentarios.
Dos opciones
Fatah puede optar por formar una coalición con los fundamentalistas o elegir a los partidos minoritarios que se denominan a sí mismos 'democráticos', por oposición a Hamás. No hay que olvidar, sin embargo, que el cabeza de lista de la formación gubernamental, Marwan Barguti, ha manifestado desde la cárcel su intención de formar coalición con los fundamentalistas.
El índice de participación, muy elevado, rondó el 77,7% y fue mayor en la franja de Gaza. En Jerusalén oriental fue bastante más baja aunque superior a la de 1996. Antes de que se cerraran los colegios a las siete de la tarde -en algunos lugares algunos permanecieron abiertos dos horas más- los máximos dirigentes de Fatah y Hamás reiteraron su voluntad de mantener intactos sus respectivos programas políticos.
En el caso de Fatah esto significa, y Abú Mazen lo dejó muy claro, la aceptación de la Hoja de Ruta y la continuidad de las negociaciones con Israel con la intención de establecer un Estado palestino viable en los territorios ocupados por Israel en 1967, incluida Jerusalén oriental. En los términos más claros posibles, el presidente de la ANP expresó la posición de su partido. «Estamos preparados para negociar. Nosotros (Fatah) somos los interlocutores. Israel no tiene derecho a elegir a su interlocutor y si están buscando uno palestino, ése ya existe», dijo el presidente del Gobierno de Ramala.
En el caso de Hamás, Mahmud al-Zahhar, su representante más notorio en la franja de Gaza, dejó muy claro que los fundamentalistas no piensan modificar «ni una palabra» de su carta fundacional de 1987 en la que se pide la destrucción de Israel, y el 'número uno' de la lista radical, Ismail Hanniya, manifestó que su grupo nunca ha contemplado deponer las armas.
No obstante, Zahhar precisó que Hamás no se cierra a establecer negociaciones con Israel si la otra parte no le exige que reniegue de su ideario, subrayando que los fundamentalistas no renuncian ni a un centímetro cuadrado de la Palestina histórica aunque están dispuestos a negociar un acuerdo «temporal» sobre los territorios de 1967.
Apoyar el que gane
«Deseo que la minoría que salga de las urnas acepte las decisiones de la mayoría», declaró el primer ministro palestino, Ahmed Qureia (Abú Ala), tras votar en el suburbio jerosolemitano de Abú Dis, al otro lado del muro. «Si Hamás gana, nosotros le apoyaremos. La democracia es eso y vamos a aceptar los resultados».
Algunos observadores consideran que la formación fundamentalista podría experimentar un cambio hacia la moderación a partir de ahora y que la inflexible posición de su dirección podría ser táctica y no estratégica, similar a la de la OLP en los noventa, cuando Yaser Arafat sólo reconoció a Israel después de firmar los Acuerdos de Oslo.
La jornada electoral se desarrolló con gran normalidad en general y apenas se registraron algunas incidencias que no llegaron a convertirse en relevantes. Unos 13.500 policías palestinos vigilaron los 1.008 colegios de Cisjordania y Gaza. En muchos centros, los policías permitieron que los militantes de los partidos hicieran campaña, especialmente cuando se trataba de militantes de Fatah.
Algo parecido ocurrió en el sector ocupado de Jerusalén, donde el Ejército y la Policía israelíes detuvieron a dos militantes de Hamás que pretendían hacer campaña, pero no intervinieron cuando los de Fatah la llevaron a cabo.