El primer ministro israelí en funciones, Ehud Olmert, ha designado una comisión interministerial que analizará al detalle los resultados de las elecciones palestinas, que acto seguido elevará recomendaciones políticas al propio jefe de Gobierno.
Estos son los primeros comicios legislativos en los que participó una fuerza fundamentalista, Hamás, que nació a mediados de los ochenta en la franja de Gaza con el apoyo de Israel y específicamente de políticos como el laborista Shimon Peres, quien entonces pretendía fomentar el integrismo para destruir a la OLP.
Hamás, que no forma parte de la OLP, nunca ha ocultado su verdadero rostro. En su carta fundacional propugna la lucha armada y la destrucción del Estado judío, unos requisitos a los que no piensa renunciar por el momento.
Un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos que no esté avalado por el grupo radical es un acuerdo que no se traducirá en la paz sobre el terreno, de ahí que a Tel Aviv le interese de manera prioritaria atraer a Hamás hacia posiciones moderadas.
Abú Mazen ha practicado hasta ahora la política del avestruz con las milicias, pero esta actitud podría cambiar en el transcurso de la legislatura que ahora se inicia, especialmente si Israel y EE UU le presionan de manera más firme. No se puede ignorar que las facciones armadas constituyen una de las pocas bazas negociadoras que tiene el líder palestino, quizá la única.
Pero no cabe duda de que sea cual sea el resultado final de los comicios se abre un período muy interesante, especialmente después de que Olmert calificara como «prioritario» fijar sus «fronteras permanentes» con los palestinos.