Tal y como los sondeos indicaron en la última semana de la campaña, Al-Fatah, el partido troncal de la resistencia nacional palestina, ganó de nuevo las elecciones legislativas con alrededor del 40% de los votos y su concurrente islamista Hamás, en su primera comparecencia, fue segundo con más de un 30%. A falta de confirmar detalles, calibrar bien cuántos 'independientes' arropados por los dos partidos pueden y deben ser contados como genuinamente atribuibles a cada uno y si personalidades relevantes de otras listas (Salam Fayad, Hanan Ashraui y Mustafa Barguti en particular) han obtenido escaño, como parece probable, es posible hablar de dos vencedores y, bajo ciertos aspectos, de un resultado muy conveniente.
En efecto, Hamás, el gran partido político islamista, ha confirmado un camino abierto con su participación en las municipales que le convierte en un actor insoslayable no sólo en la gobernación de Palestina, hoy como cuando haya un Estado independiente, sino en todo ensayo de reactivar el proceso negociador con los israelíes.
La elección del Parlamento palestino por segunda vez y con una muy alta participación, era mucho más que la designación de 132 diputados: era, hasta cierto punto, un referéndum entre las bases islamistas sobre el giro estratégico de entrar en el escenario institucional para 'hacer política', un modo de saber si la operación de unificar en Al-Fatah las dos listas rivales 'in extremis' es el anhelado bálsamo de la pacificación, una consagración del relevo de la clase política en el primer partido nacional y, en fin, un ejercicio cívico en un escenario tan agitado y confuso.
El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Mahmud Abbas (Abú Mazen), sale reforzado porque rehusó firmemente la amenaza israelí, después olvidada, de que no permitiría elecciones en los territorios ocupados si concurría Hamás, fue igualmente intransigente sobre el derecho palestino a votar en Jerusalén este, que es también tierra ocupada y, en fin, se mostró dispuesto a fomentar un Gobierno de coalición nacional o una fórmula que integre indirectamente a los islamistas.
El presidente amplía su base político-gubernamental, tiene a la vista la posibilidad de formar un Gobierno de unión nacional y, reordenando fuertemente el conjunto del campo palestino, presentar un interlocutor solvente, unido y fuerte a Israel. Se dijo listo para reanudar de inmediato el proceso negociador y aunque Israel no hará nada fundamental hasta que celebre sus propias elecciones el próximo 28 de marzo, no podrá ignorar la envergadura y la profundidad del cambio sobrevenido.